Según dicha acta, el jurado ha decido que el ganador del premio, consistente en una cena para dos personas en el Restaurante De Labra de Oviedo, es D. Raúl Castañón por el relato "Ser Capaz de No Olvidarlo".
Así mismo, ante la calidad de los relatos presentados, el jurado ha decidido otorgar los 3 accesits previstos en la base 8.ª de la convocatoria, consistentes, cada uno de ellos, en una camiseta del Real Oviedo SAD firmada por un jugador de la primera plantilla, a los siguientes relatos: "L'Entierru" presentado por D. Jorge Fernández, (que también fue el más votado en la encuesta popular), "La Torre de Hércules", presentado por D. Herminio García-Riaño y "San Valentín in Blue" presentado por D. Raúl Castañón.
Por otra parte, y de acuerdo con la base 11.ª del concurso, en el acta se hace pública la composición del jurado que ha sido la siguiente: los filólogos D. Rodolfo Díaz y D. Luis Castelerio (éste adscrito a la Oficina de Política Llingüistica de la Conseyería de Cultura del Principado de Asturias) y el periodista de Radio Asturias D. Ángel Fernández, actuando como secretario del Jurado, con voz pero sin voto, el de la Asociación, D. Pedro Cilleros.
Nuestra más cordial enhorabuena a los ganadores, con los que contactará directamente la Asociación.
El acta completa del premio puede bajarse de aquí.
RESULTADOS de la votación popular en la web de Espíritu 2.003:
15.-TIEMPO AÑADIDO: 1,39% de los votos
14.-EN SENEGAL HAY COBERTURA: 1,74%
13.-SIENTO SONAR UNA GAITA: 2,44%
12.-SAN VALENTÍN IN BLUE: 2,44%
11.-EFEUTOS COLLATERALES: 2,79%
10.-Y NACIÓ EL FUTBOL EN OVIEDO: 3,48%
9.-SUEÑO AZUL: 3,83%
8.-SER CAPAZ DE NO OLVIDARLO: 4,18%
7.-UNO MÁS: 4,88%
6.-LA TORRE DE HÉRCULES: 4,88%
5.-UNA HISTORIA DIFERENTE: 4,88%
4.-MEMORIAS DE UNA OVIEDISTA: 9,76%
3.-16 DE MAYO DE 2.007: 10,45%
2.-PORQUÉ ME HICE OVIEDISTA: 15,33%
1.-L'ENTIERRU: 27,53%
El siguiente paso será que se reúna el jurado y por fin sabremos los ganadores definitivos del concurso.
Muchas gracias a todos por participar.
Finalizado el plazo de presentación de relatos, de acuerdo con la base 10.ª del concurso se abre un periodo de votación sobre los relatos que más gusten a los oviedistas.
Se puede votar aquí hasta el próximo día 15 de marzo.
Nada más que se admite un voto por persona (por ordenador) pero se pueden votar hasta 3 relatos.
Por otra parte, cualquier oviedista puede seguir escribiendo comentarios al pie de cada uno de los relatos publicados en esta Web.
El jurado hará público el fallo, tal y como viene en las bases, el próximo día 26 de marzo, 82.º aniversario de la fundación del Real Oviedo.
Si, en Senegal hay cobertura. Puede que la gente pase hambre, no tenga trabajo o los niños no vayan al colegio o anden descalzos, pero el teléfono móvil funciona en casi todo el país.
Os preguntareis que tiene que ver esto con la historia del Real Oviedo, pues en mi caso, mucho. En el verano del 2003 habíamos planeado unas vacaciones el mes agosto por toda la geografía de Senegal. Nos fuimos con la incertidumbre de saber si a la vuelta seguiríamos siendo socios del Oviedo o no, o lo peor que no sabíamos si nuestro Oviedín saldría a competir en la categoría que fuera o ni siquiera si seguiría existiendo.
Como siempre cargamos el saldo del teléfono móvil antes de salir de viaje para estar en contacto con la familia, llamar para decir que llegamos bien y casi lo que mas nos importaba era saber noticias de la evolución de los acontecimientos en los alrededores de Buenavista, sin saber siquiera si en Senegal había cobertura.
Pues el viaje en si, fue una maravilla pero con llamadas casi diarias que cada vez nos daban noticias mas contradictorias, que si el alcalde de Siero ofrecía las instalaciones de Lugones, que no había plantilla suficiente para salir a jugar, que “esto” se acababa, que la gente se estaba empezando a movilizar y nosotros a cuatro mil kilómetros y la mayoría de las veces sin un teléfono fijo desde donde poder llamar y con el saldo de los móviles temblando, pero con cobertura, eso si.
Pasaron los días y lo que nos temíamos llegó a pasar, que el saldo de los teléfonos se agotó y nos quedamos casi incomunicados, pues no todos los días encontrábamos un teléfono desde donde llamar ya que muchas de nuestras paradas eran improvisadas y según nos apetecía o el guía lo veía conveniente aparcábamos y nos bajábamos en cualquier carretera perdida, en poblados en medio de la nada sin agua corriente ni luz. Entonces como por arte de magia y sin saber cómo, empezaban a aparecer cabezas corriendo por el campo y la carretera y en cuestión de minutos estábamos rodeados por treinta o cuarenta niños que solo quería tocarnos y ver a los turistas raros y pálidos que les daban caramelos, que ellos probablemente nunca habían visto pues la mayoría los comían con papel y todo, y globos que no sabían lo que hacer con ellos. Así en varias ocasiones organizamos partidos de fútbol con pelotas hechas con tiras de plástico enrolladas o tan usadas que casi eran transparentes, con equipos de mas de veinte jugadores la mayoría descalzos. Un equipo podía ser el Real Madrid o el Barcelona que eran los que algún niño conocía de España y el otro por supuesto el Real Oviedo. Seguramente habrá algún niño del Oviedo en cualquiera de los poblados perdidos de la Casamance o del Sahel senegalés en los que estuvimos pues se lo pasaron pipa y nosotros mejor que ellos, era una gozada oírlos decir gol del Oviedo que pronto aprendieron a decir.
Y así pasamos unos días inolvidables y terminamos nuestra estancia en un país maravilloso con multitud de diferentes paisajes y cuyas gentes se merecen algo mejor, pues dan lo poco que tienen, no pierden nunca la sonrisa y te acogen en sus casas como si fueras de la familia.
Cuando volvimos empezamos a recopilar información de todo lo acontecido durante el mes de agosto y por fin ya vimos un poco de luz, teníamos una buena noticia, había equipo y aunque con puntos negativos, la liga en tercera se podía jugar.
Y así empezó nuestro periplo por los diferentes campos de la tercera asturiana, Llanes, Ribadesella, Villaviciosa...., turismo gastronómico y futbolístico, los mejores momentos en los casi doce años de socios de Real Oviedo, porque se ganaba, a los jugadores se lo perdonábamos todo porque se lo merecían, hacían mas de lo que podían y porque llevábamos mucho tiempo sufriendo un domingo si y otro también, renegando de directivos, jugadores, entrenadores y porque a pesar de que hubo gente que quiso que el Real Oviedo desapareciera, otros muchos con mas fuerza no, y lo que consiguieron fue que la afición estuviera mas unida que nunca, en definitiva que fuimos los mas felices del mundo aunque estuviéramos en tercera.
Y ya el colofón o la traca final fue el día del partido contra el Astur, lo recuerdo como si fuera ayer, un día de sol, hasta el tiempo se alió con la afición, yo sinceramente pensé que íbamos a ser pocos pero cuando llegamos a la Plaza de América y vimos que no paraba de llegar gente por todas la calles, a mi se me puso la carne de gallina y luego el campo lleno a reventar, creo que no sentí nunca tanta emoción, ni en los partidos en el viejo Tartiere contra el Madrid o Barcelona con lleno total. Lo de menos fue el resultado y lo de más la respuesta de la afición que se volvió a confirmar en el partido de vuelta. No se nos ponía nada por delante, hasta hubiéramos atravesado paredes, todo por nuestro equipo.
La pena fue que al final no se consiguió lo que se esperaba, pero creo que todos nos fuimos a casa después del ultimo partido satisfechos del trabajo realizado y pensando en que la próxima temporada ya nos tomaríamos la revancha, como así fue.
Pero después de dos años volvemos a estar en la misma situación, en una categoría que no nos debería corresponder, aunque por méritos de directiva y plantilla, en ella estamos y por mi parte con mucha menos ilusión que aquel primer año en tercera y con menos ganas de hacer turismo regional porque llega un momento en que se cansa, todo ser humano tiene un aguante y la paciencia no es infinita , así que esperamos expectantes y esperanzados de que esta situación sea pasajera.
Y si alguien viaja a Senegal y ve a niños jugando al fútbol, probablemente en algún lugar escuchará, gooooool del Oviedo. ¡Ah! Y no olviden que en Senegal hay cobertura.
El cielo estaba gris y llovía sin parar. Era el típico día de nuestra tierra, con el “orbayu”, orgullo de nuestra naturaleza verde y nuestros campos -nunca mejor dicho- creando unas condiciones peculiares para el fútbol. Pero como dicen los futboleros que se precian de ello, ¡no importa! Para jugar da lo mismo, y en nuestra Asturias es como si nos bendijesen desde el cielo (que por cierto, falta nos hacía).
Estábamos de vacaciones pasando unos días en Asturias, en nuestro Oviedo, buscando la carga de energía que necesitábamos para seguir con nuestros quehaceres cotidianos. ¡Cuanto se añora la tierra cuando se vive fuera de ella!
En fin, a lo que nos ocupa: mi hijo ese día se levantó como siempre, alegre y dicharachero, y aquel día más contento todavía, pues sabía que por la tarde nos iríamos toda la familia a ver jugar al REAL OVIEDO. Además su tío le había prometido que iba a sacarse una foto con todo el equipo y también con su ídolo… “Mamá, mamá, ¿puedo ya vestirme del Oviedo?” ¡Quien le dice que no! Su habitación está pintada de AZUL, con todos los pósters de las distintas temporadas por las paredes, su ropa preferida es el traje del R. Oviedo, sus camisetas tienen que ser AZULES, sus calcetines, sus pantalones, su mochila… y como no, sus ideales.
De repente me mira y me dice: “mamá, hoy he tenido un sueño, y era un sueño muy bonito; iba vestido como voy ahora y yo era mayor y corría y corría por un campo de fútbol con el balón en mis pies y cuando llegaba cerca del portero le driblaba y le metía un gol, la gente me aplaudía y yo les aplaudía a ellos. El día era precioso, hacia mucho sol y el cielo era AZUL, mamá, y jugábamos con equipos muy importantes. ¿Por qué ahora los mayores de mi equipo no juegan también con ellos?”. Mira hijo, le contesté, porque estamos en otra categoría. “¿Qué es eso?” me dijo. Y quise explicárselo de la manera que un niño pueda entenderlo y como mi padre oviedista de toda la vida me enseñó:
Una vez hubo un equipo que con ORGULLO, VALOR y GARRA se enfrentaba a todos los desafíos futbolísticos con gran entusiasmo y dedicación, a la vez que la afición les animaba sin condiciones, siendo el motor que les impulsaba. Era un tándem perfecto, una coordinación sin igual, pero por historias de “mayores”, por intereses que no vas a entender, se empezaron a echar por tierra todos esos años en los que nuestra ciudad tenía un equipo de primera, y ya no sólo por la categoría, sino porque era un honor pasear nuestro fútbol por todos los estadios de España y que nos viniesen a visitar equipos emblemáticos, fuertes y luchadores. Y a muchos de ellos les dábamos lecciones de buen juego y sobre todo, lo más importante, de honestidad y buen hacer, pues como tú ya sabes, lo más importante no es ganar sino participar. Que sepas que nuestra afición se llevó un premio por saber entender que unas veces se pierde y otras se gana, porque lo que importa es estar ahí intentando hacer un juego bueno y limpio.
Pero hijo, en nuestra historia deportiva hay un día muy, muy triste, que es el 1 de agosto del año 2003. De estar jugando con los “grandes” nos hemos ido a jugar con equipos más modestos, y esto no es lo que importa, sino que a esto nos han llevado unos intereses de personas que no sienten EL OVIEDO, que no sienten los colores. “Mamá, ¿no les gusta el color AZUL?” preguntó.
No supe qué contestarle… y después de una pausa me miró y me volvió a preguntar: “Mami, ¿por qué ahora me conoce tanta gente y yo conozco también a muchos y los jugadores se paran a jugar conmigo?”.
Esa pregunta me dejó muy pensativa; es cierto, me dije a mi misma. Ya con la mente más madura mi reflexión interior fue: No hay mal que por bien no venga. Si no es por esto, a lo mejor no me hubiese hecho de una peña y quizás a mis hijos no les hubiese inculcado tanto el sentir AZUL, pues ya sabemos que las calamidades unen. Luchamos muchas veces sabiendo que poco se va a conseguir, pero que si se saca algo de provecho ¡cómo compensan dichos sinsabores! En fin, que no habríamos conocido a tanta gente maravillosa y seguro que no estaría escribiendo este relato, pues no habría surgido este “ESPIRITU 2003”.
Pero no vamos a ser derrotistas, no nos vayamos a dejar llevar por la pena. Tenemos, como alguien dijo, que salir del fango, de los barrizales; surgir como el ave fénix. Y por eso necesitamos ahora, que estamos unidos y compenetrados, no perder esta ilusión, no dejarnos llevar porque estos tiempos no son lo buenos que quisiéramos.
Tenemos que seguir luchando, que nuestros hijos vean que no nos rendimos, que tenemos que subir, como dice mi hijo, de categoría y jugar con “grandes”, pues así es el fútbol, no sólo para no quedar anquilosados sino para demostrar que somos un equipo de primera en todos los sentidos, que somos, como dice el pequeñajo, AZULES, que a nuestro Oviedo no le abandonamos ni le abandonaremos nunca, que tenemos espíritu de lucha sin cuartel, pues ese año 2003, cuando nos movilizamos, si no éramos muchos éramos suficientes, pues como se dice, quedan los mejores y vamos a saber canalizar nuestro esfuerzo para que, después de estos años de oscuridad, salgamos con luz cegadora… y AZUL.
“Mamá, mamá, que ya es la hora de marchar; acuérdate de mi bandera, de mi bufanda y de mi gorro AZUL. Creo que hoy vamos a ganar y yo voy a animar a mi equipo, porque el sueño que he tenido va a hacerse realidad, ¿a que sí mami?”.
Cuando íbamos para el campo con su atuendo AZUL, el cielo empezó a despejarse, dejó de llover y se empezó a vislumbrar un cielo AZUL y además, de un color intenso. Llegamos al campo, nos fuimos a donde estaban los jugadores, mi hijo sacó fotos con ellos y, en un despiste, cogió un balón, corrió y corrió, dribló al portero y sonó un GOOOOOOOL estruendoso en todo el campo. Mi hijo era mayor, jugaba con su equipo de primera división, el REAL OVIEDO, el marcador anunció la victoria y el cielo era AZUL.
Minutos antes de que terminara la final de la copa de la UEFA entre el Espanyol y el Sevilla, el realizador captó la imagen de un señor mayor, seguidor del equipo catalán, que lloraba y movía la cabeza preguntándose por qué. Su equipo perdía por dos goles a uno. Poco después empataron, pero la lotería de los penaltis fue aún más cruel con ellos, y se quedaron sin título.
Desde que vi esa imagen, no pude dejar de pensar en ese hombre. Quería que el Espanyol marcara, y que la siguiente toma fuera la del anciano dando botes de alegría.
Y lo quería, creo, porque me recordó a mi padre. Porque no me gustaría verle en una situación así. En mi familia, además de una gran cantidad de defectos, tenemos el de ser seguidores del Real Oviedo. Un equipo de mierda. Un equipo que nunca da dos alegrías seguidas. Un equipo al que amamos.
Hace ya tres años, nuestro equipo se jugaba el ascenso a Segunda División B. Desde luego que no debe ser como jugarse una UEFA, pero cada uno se alegra en función del tamaño de la gesta, y la alegría por una victoria/ascenso debe ser la misma (me gustaría poder asegurarlo, pero no he catado todavía lo que se siente al conseguir un título).
Llegamos al último partido, contra el Arteixo gallego, con una desventaja de un gol a cero. El Oviedo había hecho una temporada increíble, apoyado por una afición no más creíble, y había superado infinidad de obstáculos para llegar a, eso sí que es una lotería, las malditas eliminatorias del play-off de ascenso. (Es curioso, pero uno repara pocas veces en el significado de los términos anglosajones que nuestro idioma recoge y, siendo del Oviedo, el maldito off ha de estar siempre muy presente. Bastante más que el play).
El partido de ida fue una gran decepción. No sé cuántos fuimos hasta allí. Tal vez 3.000, tal vez más. Perdimos y no hicimos casi nada. Siempre he sido muy pesimista en lo referente al Oviedo (la historia más reciente obliga), y desde el mismo momento en el que se acabó aquel asqueroso partido, supe que no podía pasar nada bueno en el de vuelta.
Llegó el día que la ciudad esperaba. Durante la semana se pegaron carteles en los bares, en los comercios y hasta en los ascensores. Sólo se hablaba de fútbol. Yo, dentro de mis problemas de demencia azul, telefoneaba al presidente del equipo para ver si estaban haciendo gestiones para amañar el partido (sí, así de negro lo veía, y pensaba que, a los del Arteixo, les daba igual subir que bajar, de hecho dos años después estaban en preferente, arruinados y desahuciados). El sábado por la tarde, el Nuevo Carlos Tartiere olía a fútbol. Olía al viejo. Casi 25.000 personas estaban allí, empujando a un equipo acosado por las deudas, las desgracias y los descensos. Se desplegó una pancarta: “Impossible is nothing”, rezaba. Pero el Oviedo sólo sirve para romper tópicos (si un jugador llevaba diez años sin marcar, sólo tenía que esperar a enfrentarse al Oviedo. Creo que llegó un momento en el que los periódicos ponían estadísticas inventadas, del estilo “Abadía lleva 37 años sin marcar un gol a la vez que se rasca el bigote” para ver si éramos capaces de romperlas. Ese día, sin ninguna duda, el contador del reto en cuestión se ponía a cero).
Comenzó el partido. La grada rugía. El equipo no jugaba un pijo, pero se esperaban esos momentos que todo once local tiene cuando juega en casa, en los que saca tres corners seguidos y la afición se enchufa al partido. Llegó el descanso. Empate a cero en el marcador. Nada más salir, nos meten el 0-1. Silencio sepulcral. Empatamos. Vuelve la ilusión. 1-2. Esto sí que es un silencio sepulcral, y no el de antes. En ese momento, dejé mi sitio, al lado de mi hermano (mi padre ya se había ido a dar vueltas por el campo, como hace en todas las segundas partes). Deambulaba por el campo. Ni tan siquiera sabía a dónde iba. Cuando me quise dar cuenta estaba llorando. Faltaba media hora de partido, pero pude comprender que el presidente no había hecho caso de mis ilegales consejos, y que aquello no tenía solución.
Llegué a uno de los fondos y me puse junto a unos antiguos amigos. Empatamos. Marcamos el 3-2. Necesitábamos otro gol. Otro puto gol. Recé todas las oraciones que sabía. Ofrecí todo tipo de peregrinaciones y de sacrificios. Pero el ateo del árbitro pito el final.
Cuando me di cuenta, estaba solo, sentado contra una pared, detrás del video marcador, llorando como un niño. Todo lo que habíamos luchado ese año para sacar el equipo adelante se había quedado sin completar por un puto gol. Seguía llorando. Saqué el móvil para llamar a mi novia, porque necesitaba hablar con alguien. Al oírme, me dijo: “¿pero qué es lo que pasa?”. Se lo expliqué. “No creo que sea para tanto”, me contestó. Y, por si no había sido suficiente con los cuernos que me había puesto, con esa frase ya terminé de darme cuenta de que aquello no iba a ningún lado.
Me levanté. Seguía llorando. La gente me daba ánimos, pero todo me daba igual. Yo sólo quería un gol. Llegué hasta donde se ubican los ultras, y aquello era como una escena de derrota de guerra. Unos levantaban a otros. Había que mirar al frente. Bajé al césped y me senté. Empezó a vibrar mi móvil. Era Miguel, mi mejor amigo. Había estado con él la primera parte, pero los nervios, principalmente los míos, nos separaron en la segunda. “¿Dónde estás?”. “Tirado en el césped”. “Espera, que voy para allá”. Y así, diez minutos después, los dos llorábamos desconsolados como si el mundo se fuera a acabar.
Media hora después salíamos del estadio. Bajando por avenida de Galicia, nos encontramos con un chaval que tiene síndrome de Down, que se sienta a pocos metros de mí en el campo. No se pierde ni un partido. Meses atrás, yo le había regalado una bufanda. Mientras caminaba, desde nuestra acera, se oía su llanto. Se me quedó grabada aquella imagen.
Después, nos acercamos hasta el bar en el que, supuestamente, se iba a celebrar el ascenso. Todo el mundo estaba sentado en la terraza, con sus camisetas, sus bufandas y sus tristezas. No había muchas ganas de fiesta. Después de repetir mesa tras mesa la misma frase “¡Qué putada!, ¡Qué injusto!” y demás lugares comunes de la derrota, me fui para casa.
Estaba todo apagado. Al encender la luz del hall que da a mi cuarto, descubrí que había un folio pegado en mi puerta. “Yo”, decía la nota, “sigo siendo del Real Oviedo hasta la muerte. Hasta la mía, claro. Fdo: Papá”. Y empecé a llorar otra vez.
ENTREVISTA EMITIDA EL 15 DE OCTUBRE DE 2.045 EN EL PROGRAMA
“LOS LUNES, HABLAMOS DEL OVIEDO” DE LA TV “ASTURIES VIVA”
Buenas noches, Asturias. Son las nueve y media del lunes 15 de octubre y damos comienzo a una nueva edición de “Los lunes, hablamos del Oviedo”; les habla, como siempre, Mercedes Prieto, y después de ver las imágenes del partido de ayer, en el que nuestro Oviedo consiguió la gesta de vencer por tres goles a uno al Barcelona, líder del campeonato, paso a presentarles a nuestro invitado de hoy. Y tengo que decir que hoy vamos a tener un auténtico lujo de programa, pues nos acompaña ni más ni menos que el campeón mundial de ajedrez, Jesús González. A los 45 años se proclamó el mejor ajedrecista del mundo al vencer al ruso Vladimir Kirichenko en un campeonato que hizo historia. En todo el mundo le conocen por su agresividad en el tablero y también por su simpatía y carácter extrovertido y bromista, pero lo que pocos conocen es su otra pasión: el Oviedo. De ello vamos a hablar principalmente esta noche con él, y estoy segura de que nuestros espectadores van a pasar una noche muy agradable.
-- Buenas noches, Jesús, bienvenido a nuestro programa y muchas gracias por hacernos un hueco en tu completísima agenda.
-- Hola, Mercedes, más bien soy yo el que te tiene que dar las gracias por invitarme, ya que para mí hablar del Oviedo es siempre un auténtico placer.
-- Mientras hablamos estamos viendo unas imágenes de los principales momentos de tu carrera ajedrecística, por ejemplo ahora vemos aquellas famosas simultáneas que disputaste en el Paseo de los Alamos contra 20 jugadores elegidos en toda Europa.
-- ¡No me lo recuerdes! No eran jugadores débiles precisamente, de hecho alguno de ellos ya está descollando a nivel mundial, me costó muchísimo no perder ninguna de las partidas.
-- Pero mira, ahora comienzan las fotografías que tan amablemente nos has cedido y que probablemente será la primera vez que se hagan públicas, en las que se te ve en distintos momentos de la historia del Oviedo. Aquí estás al lado de un gaitero en las gradas de un campo que ahora no identifico.
-- Te explico: el gaitero se llama Pelayo, y estoy en el campo del Coruxo el año 2005, cuando el Oviedo subió a 2ª B después de su primera etapa en Tercera. Yo tenía 10 años y a mi lado está mi tío Miguel, del que creo que te hablaré bastante esta noche si tengo que contarte porqué me hice oviedista.
-- De acuerdo, pues entremos en harina sin más dilación: ¿cuándo y porqué te hiciste oviedista, Jesús?
-- Pues verás, todo comenzó un año antes de esa fotografía, cuando yo tenía nueve años. Yo entonces no le hacía mucho caso al Oviedo porque iba muy mal y en casa, mi padre era un auténtico fanático del Real Madrid, estaba todo lleno de cosas del Madrid (bufandas, libros, revistas, colecciones de cromos antiguos…); y cada vez que echaban en la tele un partido, sobre todo si era de la Champions, había fiesta por todo lo alto. Aquel año la plantilla del Madrid estaba llena de jugadores que a cualquier niño le dejaban con la boca abierta, y yo no era una excepción: Casillas, Roberto Carlos, Zidane, Ronaldo…
-- Caray, qué memoria ¿recuerdas la plantilla del Real Madrid de aquél año?
-- Bueno, tengo que reconocer que antes de venir aquí estuve refrescando la memoria, y entre Internet y los recuerdos que guardo (fotografías, recortes de periódicos…) no me costó nada sumergirme de nuevo en aquella época.
-- Sí, perdona, te interrumpí, continúa.
-- Pues eso, que, con aquél panorama, no era de extrañar que lo mío fuera el Real Madrid y que el Oviedo sólo era algo de lo que oía hablar pero que no me llamaba mayormente la atención.
Pero en el verano de 2.003 todo cambió. Recuerdo a mi tío echando chispas y poniendo verde a todo el mundo, hablaba mucho de los dirigentes pero también de los jugadores; y cuando mi padre le decía que porqué se ponía así, que era normal, que un equipín como el Oviedo ya había disfrutado de sus buenos momentos pero que le había llegado la hora de volver a la realidad, entonces se ponía todo digno y le respondía diciendo que cuidado, que aún quedaba mucho por hablarse del Oviedo. Ja, ja ¡y no te imaginas lo digno que se ponía!
Un día que estábamos en la terraza de una sidrería estaba todo el mundo muy alterado, y estaban muy pendientes por la radio de lo que pasaba en un hotel en el que los jugadores estaban discutiendo con los dirigentes; de pronto, el dueño pegó un puñetazo encima del mostrador y vino corriendo a nuestra mesa a decirnos que todo había acabado, que los jugadores no habían aceptado algo (entonces no me enteré muy bien de qué) y que bajábamos a Tercera. Se sentó, intercambió con mi tío algunos comentarios que no voy a repetir aquí por respeto a los espectadores, y luego se quedaron callados y muy serios. Me quedó grabada aquella escena con los dos fumando y mirando hacia la calle sin decir nada.
Pero después de unos días en los que no se hablaba del tema, empecé a ver a mi tío cada vez más colgado del móvil, y quedando con mucha gente todos los días; nos dijo que los amigos con los que iba habitualmente al campo habían decidido fundar una peña y no abandonar al equipo, y que estaban en contacto con otras peñas para lograr que la afición no le diera la espalda. Luego también se habló mucho del Ayuntamiento y cosas de política que entonces no entendía, aunque de lo que sí me daba cuenta era de que les daban mucha importancia; después de un tiempo ya alcancé a ver el trasfondo de toda aquella absurda situación, tan compleja y con tantos cabos sueltos, que a punto estuvo de acabar con la historia del Oviedo.
-- Sí, al hilo de esto, quería retomar lo que hablábamos hace un rato antes de comenzar el programa: ahora nadie recuerda con claridad lo que realmente pasó, sólo quedó la idea de que el club estaba en la bancarrota económica y que hubo una pelea política a su alrededor, pero da la sensación de que los detalles se perdieron.
-- Claro ¿qué quieres? es ley de vida. La gente más joven no quiere saber nada de las historietas del abuelo y mucho menos si se trata de la etapa más oscura del Oviedo; además, bastante tienen con disfrutar del presente tan guapo que tenemos, jugando la UEFA tres años seguidos y codeándonos con cualquiera con toda la dignidad del mundo. Ayer hablé con los hijos de un buen amigo mío, y ninguno sabía quién era Eugenio Prieto ni, por supuesto Celso González; tampoco sabían decir qué influencia tuvo el Alcalde de entonces, Gabino de Lorenzo, en aquella crisis. Pues bien, si metemos en una coctelera una pésima gestión económica, una barriobajera pelea política por hacerse con el control del club, decisiones deportivas muy discutibles, y unos jugadores asesorados por el enemigo y sin orgullo profesional, era inevitable que aquello acabara como acabó.
-- Así es, sí Señor, pero recordando una frase que se hizo famosa entre la afición azul, “aquel muertu taba muy vivu” ¿verdad?
-- ¡Es cierto! Vaya, Mercedes, había olvidado aquella frase, y mira que se hizo famosa, gracias a Radio Sele, la única radio que se atrevió a retransmitir los partidos aquel año nefasto.
Retomando mi historia (bueno, en este caso es también la historia del Oviedo), un día apareció mi tío por casa y le dijo a mi padre que me iba a hacer socio del Oviedo; mi padre se rió y me preguntó que qué me parecía a mí. Yo, dejándome llevar por la euforia azul que veía por todas partes, intuí que me lo podía pasar muy bien con la experiencia y dije que sí, que quería ir al fútbol. Así que fuimos al campo, y cuando entramos en la oficina, les dijo todo orgulloso a las mozas que había detrás del mostrador: “¡A ver, id preparando un carnet, que aquí traigo a un nuevo oviedista!”, y un señor de traje que estaba allí y que luego me enteré que había sido un jugador muy famoso (Vili, en concreto) vino y me dio la mano.
Después fuimos a un bar por allí cerca y me presentó a sus amigos, con los que iba todos los domingos al partido. Estaban Marco, Berto y Pelayo, el gaitero que veíamos antes y que dijo que a partir de entonces iba a tocarla siempre para animar al Oviedo todavía más; había más y todos eran muy buena gente y simpáticos.
La verdad es que cuando pasaron los días me lo fui pensando mejor, y empecé a preguntarme si habría sido buena idea porque, al fin y al cabo ¿qué equipos iba a ver ese año? Aquí, por supuesto, no iban a venir ni el Madrid ni el Barça, sino los asturianos de Tercera, y seguro que el campo estaría vacío; cuando se lo comenté a mi padre se echó a reír y me dijo algo así como que lo hubiera pensado antes. Bueno, pensé, por probar no cuesta nada y si me aburro mucho pues dejo de ir y ya está.
-- Pero no te aburriste mucho ¿verdad?
-- ¡Cielos, no! Y tengo que reconocer que nada me había preparado para lo que me encontré. Para empezar, todos los domingos quedábamos con los amigos de mi tío una hora o dos antes del partido y, entre cafés y copas, entrábamos en ambiente y acudíamos al campo con la moral a tope.
-- ¡¿Cómo?! ¿Cafés y copas a los nueve años???
-- ¿Qué? ¡Oh, no, por favor! Los cafés y las copas y los puros eran cosa de ellos, claro, yo como mucho tomaba refrescos, ja, ja, ja… Aunque a los puros sí que me aficioné más tarde, y nunca me falta uno cuando voy al campo. Pues eso, que si ya llegábamos al campo contentos, mucho más nos poníamos al ver que, sin estar lleno, las gradas presentaban un aspecto impensable para un partido de Tercera División.
-- Sin embargo, mucha gente con la que hablo tienen un recuerdo un tanto sombrío en cuanto a número de espectadores y ambiente en las gradas aquel año.
-- Para nada. Evidentemente, no se puede comparar con el ambiente del partido de ayer contra el Barça, pero hay que insistir en que estábamos en Tercera, que jugábamos contra el Mosconia, el Narcea o el Ceares ¡figúrate, el Ceares! Y que salíamos de una crisis que casi acaba con el equipo y que nadie estaba muy seguro de la viabilidad de aquel proyecto. Pues bien, a pesar de todo ello cada domingo acudíamos varios miles de espectadores al Tartiere, y lo que es más, un mínimo de otros mil seguían al equipo a cualquier campo de Asturias los días que jugaba de visitante. Dudo mucho que algo así haya sucedido en ningún lugar del mundo.
-- Ya, yo también lo dudo. Bien, vamos a hacer un corte de varios minutos para la publicidad y después nos cuentas los recuerdos más importantes que tienes de aquella temporada. ¿De acuerdo?
-- De acuerdo, aunque son tantos y con tantas anécdotas que podríamos estar hablando toda la noche.
-- No hay ninguna prisa, hablaremos todo lo que haga falta. Señores telespectadores, no cambien de canal, en unos minutos estamos de nuevo con ustedes.
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(FUERA DE ANTENA)
-- Voy a pedir un poco de agua ¿quieres tú también?
-- Sí, por favor, esto no es como las partidas, allí estás varias horas en silencio. Por cierto, la semana pasada me contaron que tuviste aquí a Diego Cervero ¿no?
-- Sí, es cierto, el doctor Diego Cervero, tan buen médico como buen delantero en su momento.
-- Sí, sí, la verdad es que es de los pocos jugadores que recuerdo de aquél primer año. También recuerdo las galopadas por la banda de aquél de la coleta ... vaya, no recuerdo ... ¡ah, sí, Jandro! Pero pocos más, porque además en aquel tiempo las plantillas tenían poca continuidad; supongo que las urgencias del ascenso hacían que las directivas anduvieran todos los veranos buscando la varita mágica, cuando lo mejor que se puede hacer es dar continuidad al grupo e ir retocando poco a poco cada año.
-- Eso es lo que dicen los que saben. ¿Y ves mucho al Oviedo en directo?
-- Siempre que estoy aquí, voy al campo, por supuesto. Y cuando estoy fuera, Internet me permite estar al tanto cada domingo de lo que sucede; si tengo tiempo de escucharlo, sintonizo Radio Sele, y si no, por la noche entro en cualquier página web de las que publican un resumen del partido.
-- Se enciende la luz, volvemos a salir en antena.
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-- Otra vez con ustedes, les recordamos que estamos con Jesús González, flamante campeón mundial de ajedrez y apasionado oviedista. Jesús, antes de la pausa quedamos en que nos contarías los mejores recuerdos de tus primeros tiempos como oviedista, que coinciden con la primera temporada del Oviedo en Tercera.
-- Vamos a ello, aunque son tantos… Hombre, lo que más y mejor recuerdo es el viaje a Arteixo, porque me lo pasé muy bien, pero por ir por orden, primero hay que hablar del día del partido contra el ACF.
-- Bueno, es que aquél partido hizo historia, salió en las televisiones nacionales, la movilización anterior…
-- Efectivamente, aquél día recuerdo que mi tío me llevó a comer con sus amigos, comimos en un mesón que había al lado de donde estaba el antiguo Tartiere, que estaba lleno a rebosar; al lado nuestro había una mesa enorme con mucha gente, entre ellos el Presidente del Oviedo, Manolo Lafuente, que vino a nuestra mesa a saludarnos porque Marco lo había entrevistado en Radio Sele hacía poco. Y luego fuimos a la Plaza de América, que ya estaba abarrotada de oviedistas, desde lejos se veía una enorme mancha azul. Allí nos encontramos con muchos más amigos y conocidos, y juntos comenzamos a caminar Avenida de Galicia arriba; todos gritaban mucho, y el ambiente era para poner los pelos de punta. Cuando entramos en el campo yo iba muy emocionado, tenía la sensación de estar participando en algo muy importante.
-- Hombre, la pena fue no ganar el partido…
-- Claro, claro, todos hablaban de meterles cinco o seis goles para que quedara claro quién era el auténtico y quién el “engendro”, pero la demostración de oviedismo creo que suplió la decepción del resultado.
-- ¿Qué más cosas nos cuentas de aquél año?
-- Pues por ejemplo, recuerdo cómo mi tío me fue introduciendo en el ambiente oviedista; a veces íbamos a comer al restaurante que tenía Armando, del que comentaban que fue uno de los mejores laterales derechos que había tenido el Oviedo. ¡Ah! y también recuerdo muy agradablemente la noche que nos encontramos al enorme artillero que fue Carlos; iba tranquilamente comiendo pipas por la calle, mi tío lo paró porque le dijo que le prestaría mucho presentármelo, y acabamos en una sidrería donde nos contó muchísimas anécdotas de su carrera.
-- ¿Ah, sí? La verdad es que era un tipo muy extrovertido y comunicativo.
-- Sin duda, lo pasamos genial con él. Pero sigo, aunque para no alargarme mucho y aburrir a los espectadores, pasaré directamente a hablarte del viaje a Arteixo. Todos íbamos con camisetas del Oviedo, bufandas azules… Por el camino nos encontrábamos constantemente con más oviedistas, y entonces sacábamos las bufandas por la ventanilla y nos gritábamos para saludarnos. Recuerdo que paramos a comer en un bar de un pueblo de Asturias ya cerca de Galicia, ahora no recuerdo qué pueblo era, y que estaba lleno de fotos del Spórting porque el dueño era socio; pero era buena gente, estuvo hablando mucho con nosotros y nos hicimos amigos, al marchar nos deseó que ganáramos y ascendiéramos para que volvieran otra vez los derbys.
En Arteixo el ambiente era bestial, fue una auténtica invasión, las calles y los bares estaban a rebosar de asturianos y oviedistas; entramos en el campo con Pelayo tocando en su gaita el himno del Oviedo. A Marco lo teníamos en la otra punta del campo en el área de prensa, porque estaba de comentarista de Radio Sele y cada poco le mandábamos mensajes para que contara lo que se comentaba por la grada que habían habilitado para nosotros. La pena fue que el partido se perdió y además no se dio buena imagen. Luego, cuando estábamos al lado del coche ya listos para marchar, pasó por nuestro lado Paul, el líbero del Oviedo, acompañado de sus padres; el hombre iba cabizbajo, y nosotros nos acercamos para animarlo y decirle que no se preocupara, que en Oviedo nos los comíamos. El, y sobre todo sus padres, nos lo agradecieron.
-- Sí, pero en la vuelta…
-- Ya, en la vuelta no fuimos capaces de pasar la eliminatoria. El ambiente, una vez más, era increíble, el campo lleno, tifos espectaculares, todos vestidos de azul, cantando sin cesar… pero el no haber marcado fuera y los errores defensivos en aquel partido fueron una losa. Al acabar el partido nos acercamos a una fiesta que había justo al lado del campo, y nos encontramos con todo el mundo hecho polvo, tristes y sin ninguna gana de fiesta.
-- Hubo que esperar otro año más.
-- Otro añito más en el infierno, y dos temporadas después bajamos otra vez, algo que sí que no nos esperábamos. Pero todo lo malo se acaba, y apenas cinco años después estábamos otra vez en Primera, el Spórting seguía en Segunda, y comenzaba la mejor época del Oviedo de toda su historia.
-- Nos vamos acercando al final del programa, y bien que lo siento, estaríamos hablando de tus recuerdos y de la historia del Oviedo horas y horas. Jesús ¿qué conclusión extraes de aquella época, cuál es tu moraleja?
-- Muy sencillo, eso lo tengo clarísimo: que ante la injusticia de una situación sólo la unión de los perjudicados puede darle la vuelta. Fueron muchos los factores, las instituciones y los personajes que se fueron acumulando durante mucho tiempo para darle la puntilla al Oviedo, pero cuando la afición se encontró con la puñalada de la creación del ACF protagonizó una reacción plena de orgullo, de ilusión, de rabia… y todos los oviedistas se unieron y gritaron al mundo que aunque aquello no parecía tener solución, que aunque se tuvieran enemigos muy poderosos enfrente, el Oviedo sobreviviría por narices. Y sobrevivió, vaya si sobrevivió.
-- Por cierto, llevas todo el programa hablando de tu tío Miguel. ¿Qué es de él?
-- ¡Ah, mi tío! Pues en estos momentos nos está viendo y seguro que el granuja me llamará en cuanto salga de aquí para preguntarme si eres tan guapa y simpática como lo pareces en pantalla.
-- ¡Ja, ja, ja! ¿No me digas? Pues un beso muy fuerte para usted, Miguel. Y con esto tenemos que despedirnos ya. Jesús, otra vez te agradecemos tu presencia. Te deseamos que sigas teniendo muchos éxitos en el mundo del ajedrez y te emplazamos a venir otra vez a nuestro programa dentro de poco para seguir hablando del Oviedo.
-- Cuenta con ello, por ejemplo al final de esta temporada que coincidirá con el fin del Torneo de Ajedrez de Linares.
-- Pues acordado queda. Señoras y señores telespectadores, nos vemos el próximo lunes en una nueva edición de “Los lunes, hablamos del Oviedo”. Buenas noches.
Las largas escaleras parecían convertirse en interminables, como en esos sueños en los que quieres correr o escapar de algo que te persigue, pero no eres capaz de moverte paralizado vete tú a saber por que fuerza extraña .Durante todo el trayecto hasta el campo no dejaba de pensar una y otra vez en todos los avatares que habíamos pasado en los últimos tiempos; unos nos dejaron moribundos en medio del camino y otros intentaron aplicarnos la sedación, según nos decían, para que el enfermo no sufriese. Pero nada dio resultado y allí seguíamos con mucha más fuerza, moral, intensidad, orgullo y hasta ilusión que años atrás en categorías superiores.
Todo era rutina y nada parecía diferente a otros domingos ese año; llegar al campo, sentir ese cosquilleo al pasar el torno y encaminarme a la grada buscando desde lejos con la mirada el asiento sucio y que daba la impresión de llevar allí cientos de años por el aspecto que presentaba.
Una vez sentado continuaba con esa liturgia que se repetía de forma inconsciente cada quince días: miraba a la gente de mi alrededor, caras conocidas, pero gente desconocidas que cada una de ellas tendría una historia de amor a unos colores parecida a la mía. Luego levantaba la mirada para ver la grandiosidad del estadio y fijarme en los que yo llamaba los solitarios, por la costumbre de colocarse en lo más alto de la grada lo más alejados posible del resto de aficionados; como si su timidez les impidiese compartir con los demás sus anhelos, deseos y miedos.
Ya quedaba muy pocos minutos para que el himno sonase y los jugadores saliesen al campo, cuando algo me llamó la atención: Un niño de unos 8 quizás 9 años pasó ante mí seguido de alguien que entendí sería su padre. El niño iba vestido con la camiseta y el pantalón del R. Oviedo; eso sí; todo le quedaba enorme, como en aquella película, de la que no recuerdo el nombre, en que un niño se convierte en adulto de la noche a la mañana y del mismo modo y por arte de magia vuelve a ser un chavalin al final de la peli, pero con las ropas aún puestas de persona adulta, dándole un toque cómico a la situación. Eso me recordó en ese instante todo aquello.
El niño, que llevaba en su mano derecha una bandera azul y blanca; la cual debió fabricarse él mismo, ya que no dejaba de ser un palo más o menos recto con un trozo de tela enrollado en el mismo, miraba con los ojos muy abiertos y expresión de incredulidad todo lo que le rodeaba; los ojos le brillaban y una sonrisa perpetua dominaba su cara. Imaginé que esa era la primera vez que acudía al campo y eso me hizo también recordar los sentimientos que recorrieron mi cuerpo muchos años atrás en esa misma situación. Su padre le iba diciendo quien era cada jugador y el dorsal que llevaban a la espalda y él prestaba atención a todas las palabras que salían de la boca de éste como quien escucha un cuento de hadas por primera vez y piensa a pie juntillas que lo que le narran le puede pasar a él en cualquier momento.
El partido en sí no era muy entretenido, pero se hizo mucho más ameno por todo lo que ocurría en el asiento 143, que es donde estaba este aficionado tan especial. Al acabar los noventa minutos y tras treinta o cuarenta preguntas referentes al desarrollo del juego, al estadio, al marcador y vete tú a saber que más, una frase me llegó muy dentro y se me quedó grabada: cuando subían las escaleras de la grada, Miguel, que así se llamaba el niño, dijo: jolín, que guapo ye todo esto!!! Sólo por escuchar eso me sentí reconfortado y me fui para mi casa con una sensación muy especial y es que ahora parecía que todo tenía sentido.
Momentos y situaciones y diálogos como estos se repitieron cada 15 días durante toda esa temporada y ese uniforme tan enorme con esos pantalones que casi le llegaban a los tobillos se convirtieron en habituales. Claro está, que se aprendió de memoria los nombres de todos y cada uno de los jugadores de la plantilla e incluso los llamaba y saludaba desde su asiento como queriendo que lo escuchasen, que lo oyesen y supiesen que él también formaba parte de la familia azul; se sentía de alguna manera unido a los héroes del campo y creo que incluso se consideraba uno de ellos en sus sueños más profundos y bonitos.
Ya han pasado varios años (como pasa el tiempo siempre me digo) desde aquellos momentos; algunas cosas han cambiado y otras por desgracia siguen igual o peor, pero ahí seguimos domingo a domingo detrás de unos colores que para nosotros son sentimiento y nos llenan de orgullo e ilusión.
Ya casi termino esta historia que no ha necesitado mucho tiempo, la verdad; ya que con dejar que los recuerdos fluyan sin que nada los interrumpa, todo es más sencillo.
¿Me preguntáis por Miguel? ¡¡Ufff!! La verdad es que después aquel año en el mismo sitio nunca más volví a verlo; su padre sigue allí rodeado de adultos y según me cuentan la zona está más apagada y es que él ya no está! ! Seguramente habrá crecido y preferirá estar con amigos de su edad que con el “coñazo” de su padre (posiblemente esto piense ahora de quien le llevó por primera vez al campo, pero este pensamiento también es pasajero ¿eh? Y es que en la vida se pasa por muchas etapas y él andará ahora por esa). Muchas veces me pregunto si seguirá yendo al campo y mi respuesta contundente es ¡¡ SÍ !!
Que ¿por qué? Pues, porque, si Miguel no siguiese acudiendo a su cita cada quince días ahora el R. Oviedo no seguiría saltando al campo a jugar, porque si Miguel no siguiese con aquel brillo en sus ojos, su equipo estaría muerto y es que estoy seguro que en alguna parte del estadio , no se exactamente donde, allí estará; no ya con su camiseta enorme ni con la bandera que él mismo se fabricó, pero sí con la misma ilusión y ganas de ver cumplido un sueño. ¿Cual? Ya me preguntais demasiado y no sabría daros una respuesta ,pero seguro que muy parecido al mío y al vuestro. ¿Y sabeis lo mejor? Que cuando estoy algo desanimado o triste, cuando parece que esta situación no tiene salida, a veces, y sin que nadie me vea aún me siento unos minutos detrás de aquel número 143 y si cierro los ojos y voy hacia atrás con mi mente puedo ver y escuchar aquello voz de niño decir: ¡¡ jolín, que guapo ye todo esto!!
FIN
Surrealista. Esto es surrealista. No puede ser.
No puede ser que ayer nos hayan bajado a tercera … a tercera … y yo ahora preparando la maleta para irme de vacaciones con la mujer y los críos. Esto no está pasando…
— ¿Me estás escuchando?
—— ¿Eh? Sí, dime …
— Que vengas a ayudarme a cerrar la maleta, pero si llevo un rato llamándote.
—— Perdona, no te había oído.
Un aval mancomunado… y tampoco les valía. Consejeros, empresarios… pero si hay 20 tíos que se comprometieron a pagar entre todos, y nada. Pero si aceptaron todo lo que pedían los jugadores… y ofrecieron encima darles parte de los ingresos por abonos de socios… y nada… lo rechazaron todo ¿pero qué pasó aquí? ¿De quién se quisieron vengar estos…? ¿O querían quedar libres a costa de matar al Oviedo?
—¡¡QUE VALE!! ¡¡A VER SI ATIENDES!!
—— ¿Qué?
— Que ya está cerrada, coño, que no sé qué te pasa hoy. Mira a ver si los críos ya están vestidos, que ya vamos un poco tarde. Ya tengo yo el neceser del baño. No te olvides de coger la cámara, que te la vi antes encima de la mesa.
—— Voy….
Anda que si mi padre levantase la cabeza y viese esto … Si le llegan a decir que el Oviedo iba a bajar a tercera por denuncias de sus jugadores, ni se lo cree. Y eso si salimos en tercera, que muy jodido lo veo. Joder, que esto se nos muere… Pero si hará poco más de un año ganábamos en el Nou Camp… y ahora a ver con qué ganas me voy de vacaciones. Encima eso, tener que poner buena cara y andar por ahí sacando fotos, cuando lo que quiero ahora es estar solo y encerrarme en casa. Ahora al coche, los críos que me pedirán que les ponga el cuento de la Gallina Marcelina, y Pedro y el Lobo, y ella que si quiere ver tal iglesia, o tal museo … Y yo a tragar kilómetros al volante, y a pensar lo que le acaba de pasar al Oviedo poniendo cara de póker.
— Que si me pongo estos calcetines…. Papi …eehh…Papi…
—— ¿Qué calcetines? ¿Esos? Vale… Tú, Carmen, tienes el prendedor en el baño.
Hala, a calzarse, que nos vamos. Espera, la cámara, que si me queda…
Anda que estará caliente el foro y el messenger estos días, y yo por ahí sin Internet ni Cristo que lo fundó. Esa es otra. Encima ni prensa ni radio de aquí, ni Internet… Lo que puede pasar estos días con el Oviedo, y yo por ahí perdido. Joder, si marcho a Coruña y parece que me voy al Congo… Y ahora a ver qué dice Gabino. Miedo me da. Refundar desde cero, dice, un nuevo club … éste va a armar una muy gorda, estoy seguro…Venga, ya se va a poner verde. Hala, el paisano pasando en rojo… Joder, cómo está la rotonda…
— ¿Qué te parece?
—— ¿El qué?
— Pues eso, que si paramos a comer en Betanzos. Pero si ya te lo dije antes, no sé en qué estarás pensando, que ni me escuchas.
—— Vale, venga, Betanzos… yo no tengo hambre pero algo caerá.
¿Pero cómo va a haber otro Oviedo? Esto no me cabe en la cabeza. Es peor que una pesadilla. ¿Cómo podemos ser tan carroñeros? Los hay que se venden por unas migas de pan de Gabino. Joder, que esto va a dar que hablar de día en día, de hora en hora, y yo dando vueltas por Galicia… ¿Cómo iba a pensar yo que nos iba a caer el mundo encima cuando programamos esto? En cualquier otra ciudad esto no pasa… a ver con qué me encuentro cuando vuelva a casa; acabo de marchar y ya solo quiero volver, manda huevos…… ¿pero a qué espera ese si no tiene un ceda... ... ?
—— ¡ TIRA, COÑO, QUE TIENES PREFERENCIA !
— Oye, a ver si te calmas, que estás de vacaciones, chico, no vas a trabajar.
— Papi, ¿qué le pasaba a ese coche?
—— Nada, hija, que estaba ahí parado como un pasmarote…..vale, tienes razón. Allí, por fin, un parking. Al menos hay sitio.
Y los gallegos, a lo suyo. No te digo … van tres quioscos y ninguno tenía prensa asturiana. Y ni radio ni leches. Será mejor que pase un poco. O si no, podría llamar a alguno de los colegas por teléfono a ver qué hay de nuevo, pero a ver … Luis y Marta marchaban ayer a París, así que esos, peor que yo todavía. Joder, mira que tenía que haber cogido el móvil de Sergio y se me olvidó…
— Mami, ¿dónde está papi?
— Allí, hijo, llamando por teléfono. Supongo que a algún amigo del futbol.
— Mami, ¿papi está enfadado?
— No, hija, papi está algo triste. Como le gusta el futbol y el Oviedo bajó…
— A mi lo que me gusta no me pone triste…
— Ya, hija, pero es que el futbol es diferente. Te pone triste a veces, pero te gusta igual.
— Pues yo no lo entiendo. A mi si me pone triste no lo quiero
— Ni yo, hija, eso son cosas de papi.
Apagado o fuera de cobertura ... Joder, David, para qué quieres el móvil si no lo enciendes… A ver Jose… 676…no me falles…
Jose, soy Ería. Sí... oye… ¿qué hay de nuevo con el Oviedo? … no, estoy en Betanzos………. Ya… o sea que el Ayuntamiento… sí… o sea que rompen relaciones… ya… ¿arrancar sin lastre? La madre que los parió… los tenemos en contra a todos, macho. Y lo de refundar… Sí… ¿El Caudal? O sea que la plaza se la dan al Caudal?… Dios... .¿Cuál? ¿Qué otro también la pide? ¿Arteixo? Ni lo conozco, vaya nombres. Pues voy a mirar la prensa aquí… Pero oye, salimos a competir entonces, o…? …. ya… que difícil… ¿desaparecer?… Dios… ¿Y fue un interventor el que dijo eso de desaparecer? Joder… negro, negro… ¿Que sacaron un comunicado? Ahora ya…… ya… que les daban todo lo que pedían, ya lo sabemos… ¿Losada? No lo oí, qué dijo?... ¿Que no tenían garantías de cobro? Pero cómo se puede tener este rostro… ¿Qué? No me digas que hay más… ¿Huelga de los empleados? Esto es la virgen… bueno, son siete meses sin cobrar, macho, qué quieres… ya… … Oye, Jose, que tengo que colgar, que está la mujer y los guajes esperándome para comer…. Vale, ya hablamos… gracias, Jose, un saludo. Adios…… La madre que los pario a todos… ¡¡VOY!!
Mira tú el Caudal, que va y coge nuestra plaza… espera, allí hay un periódico libre, a ver lo del Arteixo ese… no, tate, ¿para qué? Qué más me da que se la den a uno o a otro si yo pierdo la plaza? Total, del Oviedo no van a decir nada, así que paso… Arteixo... ¿dónde quedará eso…? Dios, qué bajo caímos.
Yo, ensalada mixta y cachopo. La botella de agua, grande, por favor Gracias. ¿Apuntó ya las cañas? Vale.
Así que lo dijo un interventor… Pues ese sabe bien de lo que habla, por desgracia. No, si no salimos a competir, para mí se acabó el futbol. Qué refundar ni qué hostias. Ya me buscaré algo. Como si empiezo a ir a ver al Ciudad Naranco. Pero si desaparece el Oviedo, yo desaparezco del futbol. Paso de todo. Miedo me da Gabino, este termina de matar al Oviedo, y encima lo aplauden. Dios, qué ciudad…
— ¿Me estás escuchando?
—— ¿Qué?
— Joder, qué día llevas… Que mañana subimos a la Torre de Hércules, que quiero que los críos vean aquello desde arriba.
—— Vale, anda. Son más de 200 escalones, ¿eh?
— Papi, papi, yo quiero ir al acuario.
— ¡¡Y yo, papi !! y me compras algo. Un pez. No, una estrella.
—— Vale, primero a la Torre y luego al acuario. Venga, ahora a descansar, que mañana es otro día. Tengo que cargar el móvil.
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— A ver, nenos, vamos despertando, que hay que desayunar.
—— ¿Qué dia es hoy, mamá?
— Domingo, hija.
—— ¡¡ Entonces a dormir !!
— Que no, que nos vamos. ¿No queréis ir al acuario?
—— ¡¡SÍII !! Venga, a desayunar. ¿Papá? ¿Dónde estás?¿Papá?... Papi !!
Coño, que se acabó el papel higiénico…. Ah, no, aquí hay otro rollo. Bueno, ¿Qué pasará hoy con el Oviedo? Joder, qué carajo pintaré yo aquí, con la movida que debe haber ahora allí … Tengo que saber … hala, la cisterna no rula… Ahora…Tengo que saber qué dice hoy la prensa allí. A ver a quién llamo…
— ¡¡Papá, el móvil está sonando !!
—— Hostia, espera… Voy… trae… ¿Sí? Hombre, Roberto, justo ahora estaba yo pensando en llamar a alguien que esté en Oviedo,… sí …… no, estoy con la familia en Coruña. Y … No, no estoy al tanto, dime ……… ¿El Astur? O sea que vuelven a la carga… Qué me dices… ¿que le van a cambiar el nombre? … Joder… ¿Oviedo CF? O sea que le quitan lo de Real… ¿Y Gabino lo dice tan fresco?… que no fue Gabino? Entonces … ¿Román? anda que menudo subalterno. Y el presidente del Astur ¿qué dice?…… Sí, el Mario……Que no les afecta lo del Oviedo… Manda huevos… Oye, y ¿quién coge la plaza? Aquí dicen que un tal Arteixo o algo así … ¿el Caudal? ¿Pero fijo?... ... Bueno, ya, qué cojones nos importa para quién sea.
Oye, que se corta… Roberto, no te muevas, coño… ¿Roberto? No hay cobertura... Oye… Mierda. Se cortó.
— Papi, mamá ya está en el comedor. Dijo que cierres tú la habitación y que bajes a desayunar, que ya es tarde.
——Vale, hijo, vamos.
Joder, la que se está montando. Entre todos están matando al Oviedo, esto es increíble. Y encima sacan pecho…en tercera, Dios mío, en tercera …. Si mi padre y mi abuelo levantaran la cabeza…Venga, que ya está verde….
…Muévete coño, que ya está en verde! Aquí qué pasa, ¿no saben conducir?
— ¿Quién te llamó por la mañana?
—— Roberto, uno de la peña del futbol. Me estuvo contando cómo están las cosas por Oviedo.
— Mal, ¿no?
—— Peor. Van a coger al Astur, lo van a llamar Oviedo, y al Real Oviedo de verdad lo entierran y a otra cosa. Con la bendición de padre, hijo y espíritu santo. Resumiendo, con la bendición de Gabino.
— Mira, yo que tú empezaba a buscarme otra afición, y otra forma de pasar los domingos, porque no te imagino yendo a ver a otro equipo que no sea el Oviedo, por mucho que se llame Oviedo también.
—— Eso está claro. Pero primero espera a ver qué pasa con el Real Oviedo, que ya dijo Lafuente que si se podía salir a competir, se salía. Lo malo es que hay desbandada de jugadores, se marcha hasta el tato. Voy a ver si luego llamo a Roberto para que me lo acabe de explicar todo. Mirad, niños, ya se ve la Torre de Hércules.
— Mira, allí está el aparcamiento. A ver, nenos, recogiendo esos juguetes, que ya llegamos.
— ¿Al acuario?
—— Que no, que primero a la Torre. Luego al acuario.
¿Y luego?
—— Luego a tercera, tócate los…
—¿Qué dijiste, papi?
—— Nada, hija. Nada. Hala, venga, ahí hay sitio para aparcar.
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Joder, pero cuántos escalones hay aquí? … como para llegar arriba y olvidar algo abajo… No te digo…Qué carajo pinto yo aquí…Ya perdí la cuenta …
—— Oye, ¿cuántos escalones quedan?
— Ya queda poco, debemos llevar como 200. Cuidado, que baja gente. Aparta, neno, deja bajar. A ver si luego llamo a Roberto, o si no igual Ana va a tener mejor cobertura, no me aguanto sin saberlo todo… ya se ve el final. Joder, qué agobio.
— Hala, que ya llegamos arriba.
— Bieeen, papi, venga, sube. ¡¡ Hala, qué aire !!
— La leche, vaya ventolera. Sujeta la gorra, hijo.
— ¡¡ Papi, foto, foto !!
Vaya vista más chula aquí arriba. Bueno. Mira, allí hay un campo de futbol, debe ser algún equipín de preferente. Joder, no me lo quito de la cabeza. No puede ser. La afición tendrá que decir algo. Y yo voy a estar donde haga falta. Tenemos que luchar por esto, no podemos dejar que cuatro sujetos sin alma nos quiten lo poco que tenemos. Como esto se mueva voy a muerte. Juro por mi padre que voy a muerte. Si hay que tirarse a la calle, a la calle vamos. Si hay que ir a ver al Oviedo a campos de tercera, vamos donde sea.
— Oye, ¿estás escuchando?
— ¿Qué?
— El crío lleva media hora esperando a que le saques una foto. A ver si bajas de la nube, que llevas unos días volando, chico.
— Vale, anda, yo sabré por qué. A ver, neno, ahí estás bien, espera que se quite ese alemán y te pones con tu hermana. …… A ver ….. Ya.
Lo juro. A morir por el Real Oviedo. Vamos a salir de esta por cojones. Ni Astur ni inventos, a mí no me maneja ni Dios. Volveremos a estar tan altos y tan fuertes como esta Torre de Hércules. Si creen que nos pueden tirar abajo están muy equivocados. Bueno, vamos a ir bajando…
— Hala, vamos, que ya nos dio bien el aire aquí arriba.
— Papi, ¿el Oviedo al final bajó a tercera?
— Si, hijo, pero vamos a renovar el carnet nada mas llegar, y vamos a ir a todos los partidos que podamos, y vamos a animar sin parar. No van a poder con nosotros.
— Bieeen, Hala Oviedo, papi !!
— Hala Oviedo siempre, hijo, nunca lo dudes. Venga, vamos.
F I N
Esi añu túvose en cuenta. Quien más quien menos celebrólo -por dicilo d’alguna mena-, más como actu íntimu d’inspiración colectiva que como otra cosa. Y quien non, toi por apostar que ensin sabelo tamién lo tuvo presente en dalgún requexu del corazón cuando llegó esi día. Esi primer 14 de febreru nes llamuergues la 3ª División. A fin de cuentes yera una hestoria d’amor. Pues de nun selo, enxamás s’hubiera sido quién a tener por ello en mitá de tol sumiciu, cola que taba cayendo.
Por eso esi 14 de febrero de 2004 miles de namoraos del Real Oviedo, cola mano mangada nel corazón, afitando l’escudu azul coronáu d’ hestoria, punxeron una nota d’amor y ente toos siguieron declarando-ylo al so equipu del alma. Que lu queríen y lu diben querer siempre. Pasare lo que pasare. Hasta que la muerte los viniese separtar. Y tovía más allá.
Quísete siempre y quiérote agora, d’eso nun te quepa dulda nenguna; anque me veas marchar. Pa mí foi imposible conocete y nun querete al momentu. Por eso digo que te quise siempre, porque de siempre te conozo. Y la pallabra siempre suma tantos y tan guapos momentos... Momentos xuntos en toles coyuntures personales, mundiales, climatolóxiques imaxinables. Con más ganes de vete o con menos -munches siempre-, colos llibros de la escuela entá baxo’l brazu o con una mayadura guapa de trabayar, dexando atrás ya pa siempre los tiempos escolinos; col relativu sol norteñu -en branu siempre mos vimos poco tú y yo, mio amor-, tayeciendo de fríu pel iviernu o baxo’l vezu épicu del borrín, l’orbayu o los bastiazos d’agua que tanto te resaltaben los colores que tanto me taramiellen el corazón a mí. Ay, pero qué guapos te sienten esos colores tuyos, de mio tamién. Tan guapos y tan sentidos. Tan fonderamente sentidos.
Tamién n’estes circunstancies tan penoses d’anguaño, onde tantos trabayos tamos pasando pa caltenete con vida, como siempre, de tola vida. Tola vida xuntos, dende que te camudares de casa por quedate pequeña la de siempre, hasta la nueva, mala vida col nuevu sieglu, pasando pola nuestra lluna de miel uropea, n’Italia de la Riviera, na fastera mui averada ya a la Costa Azul francesa. Tantes y tan bones alcordances... Mírote agora y sáltensenme les llárimes soles, bono, contigo, qu’enxamás voi dexate, nun sedría quién dempués de tantu tiempu. Tiempu, nun sé cuánto me queda, de xuru menos que a ti, mal que -yos pese a los aguarones, qu’anque yes mayor que yo vas sobrevivime con muncho, vas velo, amor, si non al tiempu. Tiempu guapo, maravielloso el que pasemos xuntos, el que me regalasti al conocete y dexate querer por mí.
Y has de perdoname, pero con tol ciñu que te tengo, güei nun soi a topar fuercies bastantes pa quedame mirándote presu n’esa llamuerga amarga y dañible onde resiste’l blasón de la to dignidá, ente’l barru deshonrosu, el mesmu pero por embargo otru, estremao del que fuere épicu antañu en Buenavista.
Vas, vamos salir xuntos d’esti barru fozáu de xabalinos oportunistes, vamos salir de la mano del pilancu tú y yo, nun t’esmolezas, mio amor. Voi volver buscate, vamos volver xuntos. Namás dexa que rescample otra vuelta’l sol pa secate esi barru que nun ye a tapecer el to azul celestial y uniforme, y de pasu qu’ensugue tamién estes llárimes míes, tamién azules.
I. Garra
Minuto 93 en el Nuevo Tartiere, el Real Oviedo se encuentra a sólo un gol de lograr la proeza, se bota un nuevo saque de esquina el esférico se eleva hacia el cielo....
Hay momentos claves en la vida, puntos de inflexión que marcan claramente un antes y un después en nuestra trayectoria vital. Aquel lento atardecer a finales de junio simbolizaba tal acontecimiento para miles de fieles azules. Una línea de cal blanca era la exigua frontera que separaba el paraíso del infierno, la ínfima distancia entre el sueño y la pesadilla.
El Real Oviedo se había levantado una vez más, como sólo él sabía hacerlo; rebelándose ante un severo marcador adverso para quedar a un sólo gol, a un sólo paso de la gloria y ahora el balón parecía detenido, flotando en el aire sobre el área gallega.
Manuel estaba puesto en pie y se aferraba a su vaso vacío, el alcohol había hecho mella en su habitual actitud impasible. La ansiedad e ilusión del comienzo de la tarde se habían tornando en decepción e impotencia al descanso. Ya en la segunda parte, la tristeza le había dejado al borde de la consternación... pero, en cuestión de minutos todo parecía posible -todo, salvo mantener el control sobre sus emociones.
Sintió que ya no podía más, que su cuerpo estaba agotado y su mente bloqueada. No quería ver el desenlace, algo dentro de sí le impedía seguir sufriendo. Deseaba despertar y comprobar que el encuentro aún no había comenzado. Deseaba morir durante un instante, para renacer con la esperanza que ahora veía desvanecerse a través de su vidriosa mirada.
Se sentó, aquel saque de esquina era el último cartucho, la última bala en la recámara de aquella redención colectiva. Su rostro se hundió entre sus manos, "al fin solo, al fin libre de toda emoción", se repetía para sus adentros. Sin embargo, de repente, recobró la visión, ahora se hallaba a unos cinco metros sobre el terreno de juego, justo encima del círculo central.
Contemplaba aquellas gradas teñidas de azul en una especie de animación suspendida, una pausa en el devenir del destino, próximo a su conclusión. Fue entonces cuando se dio cuenta que jamás se vería solo allí. Algo había ocurrido en el último año que había cambiado su vida y la de todas aquellas almas que le acompañaban, por siempre jamás. Había nacido una fuerte identidad común.
De nuevo, hubo otro cambio de escenario, como en una experiencia cercana a la muerte, sus recuerdos oviedistas empezaron a presentársele uno tras otro: aquel triste día de infancia a finales de mayo de 1977, donde en pleno atasco urbano y rodeado de enemigos deportivos sintió por primera vez su dolor azul. La noticia del gol de Atilano, el patatal del antiguo Tartiere, las obras para el Mundial 82, la Copa de la Liga, el eterno, imposible gol de Carlos ante el Real Mallorca en el minuto 97, la supremacía regional en los 90, Bango marcándole al Génova, el sufrimiento ante las Palmas en la promoción para salvar la categoría, la muerte de Petr y, por último, el desplome abisal de un equipo que parecía estar maldito, hacia el averno tras la demolición del épico Buenavista.
Siempre con su padre a su lado habían acudido al Tartiere en una especie de acto de fe oviedista, el ritual que desplegaban los aficionados entregados. Ahora su padre ya no asistía, pero su presencia era otra.
II. Valor
Sin embargo, sí había habido ocasiones para la esperanza, navegando por la red de redes, había encontrado aguas azules, sumergiéndose en una comunidad comprometida con un sentimiento.
Julio de 2003 era un perfecto reflejo de lo que estaba ocurriendo en aquel partido ante el Arteixo: se llegaba al tiempo añadido con posibilidades de salir adelante.
De todos es sabido que nuestra vida adulta es reflejo de nuestra infancia, una especie de fotografía en negativo de lo que fuímos. Aquellos días del futuro pasado, durante el agónico julio de 2003 le habían llevado a toda una epifanía, un viaje interior del que no existía vuelta atrás. Tenía por delante lo más importante que puede tener una persona para crecer como ser humano, sus descubrimientos.
Manuel siempre había rechazado pertenecer a colectivos. Una actitud forjada durante su infancia en un valle minero, donde su condición de oviedista le condenaba a sentirse excluído una vez que los recreos en el patio del colegio se convertían en una improvisada final de Copa.
Es así que, ante las movilizaciones para impedir que su equipo descendiese por impagos, había decidido tomar partido activo. Hasta qué punto el amor a unos colores definía su ser y el de muchos otros desconocidos; era increíble cómo su escepticismo se transformaba en fanatismo para defender, en la medida de sus posibilidades, al Oviedín del alma.
La cuenta atrás ya había comenzado, contempló los rostros esquivos de los profesionales del balompié al termino de aquel entrenamiento en Llanera, cuando su grupo de oviedistas les entregaban un escrito, apelando a su parte humana y emocional para impedir que ejecutasen a una afición que empezaba a estar agotada de esperar un final feliz.
Era difícil recordar exactamente lo que siguió, los recuerdos no son más que procesos químicos que el cerebro lleva a cabo para rememorar los hechos vivídos; pero nunca son visionados de forma idéntica, dado que no se dan las mismas proporciones de agentes químicos en cada ocasión.
Una prórroga infernal en las negociaciones llevó a un desenlace fatal. El Hotel Monumental Naranco servía como escenario para el principio del fin, un salto mortal hacia el vacío, hacia la nada, hacia lo desconocido.
Lo intuía, desde 2001 el Real Oviedo se asemejaba a la película "2001, Una Odisea del Espacio" ya que ahora la nave azul entraba en la entropía, más allá de lo comprensible. Una dimensión desconocida.
III. Orgullo
Llegó agosto y, de repente, el subconsciente colectivo se activó, la lucha por la supervivencia unió a todo tipo de personas con una causa común, compartiendo un espíritu de unión pocas veces visto en Occidente tras la primavera de Praga o el mayo francés del 68.
La rebelión ante la opresión, ante la negación de la existencia de una entidad y de unos aficionados con solera. "Orgullo, valor y garra" eran las palabras que hacían que se sintieran vivos, aún desconociendo que estuvieran vivos como club.
Como en cualquier buen guión, no podía faltar su propio Leviatán privado, el estímulo definitivo del enemigo en la lucha por la supervivencia. El alcalde se había transformado en un improvisado Capitán Ahab que, llevado por una irracional obsesión personal desde la insularidad del poder, quería dar la estocada definitiva abordo de su nuevo barco, el ACF.
Los oviedistas estaban dispuestos a luchar hasta el final. El Real Oviedo personificaba a Moby Dick; la fuerza de la naturaleza constituida por la energía indomable de todos los oviedistas que no abandonaban.
Los foros de internet, cual modernas catacumbas, eran escenario de multitud de diarios de la desolación donde los oviedistas plasmaban el dolor que padecían hora tras hora, minuto tras minuto. Sin embargo, como si tratasen de un trasunto de Ana Frank en la Vetusta del siglo XXI, la esperanza de la supervivencia les hacía mirar hacia adelante, pese a que el fin parecía inminente.
Desde la antigua Grecia, el color azul se considera el emblema de la fidelidad y eso fue lo que representó la Temporada 2003/2004. El Tartiere presenciaba cómo los aficionados daban ejemplo de fe a todo un mundo mercantilizado por el poder mediático del fútbol. Era el triunfo de la fe.
En los encuentros que se jugaba en calidad de visitante, se percibía el rechazo de una región donde Oviedo no era bien visto, asociado al centralismo y poder malentendido por muchos. Aquí se palpaba otra realidad, era increíble ser filmados por las fuerzas de orden público en Laviana, ser cacheados en Ribadesella, ser culpables en Siero o ser segregados en Piedras Blancas.
La información sesgada de una prensa vendida al poder vendía los acontecimientos victimizando a quienes se cruzaban en el camino del Real Oviedo. Los aficionados azules eran humillados y ofendidos una y otra vez.
Aunque el castigo había sido severo, el espíritu de unión había superado todos los obstáculos, ahora sólo quedaba que el balón entrase una vez más en la portería de los contrincantes. Manuel alzó la vista, no podía seguir negándose a ver la realidad, por mucho que pudiera doler.
...el balón desciende lentamente sobre el área del cuadro coruñés, una nube de jugadores azules se dispone a intentar el remate definitivo...
De repente, sonó el despertador, el gran día había llegado. Manuel se desperezó aturdido. "Menos mal que sólo ha sido un sueño", pensó mientras miraba su reloj, eran las 7.47 de la mañana. Sólo faltaban trece horas y trece minutos para la finalísima.
El fútbol en Oviedo irrumpe con el siglo XX. En concreto, las primeras reseñas de la celebración de partidos con cierta seriedad datan del año 1903 con la aparición del Oviedo Foot-Ball. Por ello hubiese sido normal que la llegada del centenario de dicho acontecimiento se recordase con la celebración de algún tipo de evento. Así estaba ocurriendo en otros lugares en los que su aparición había sido más temprana. Pero en 2003 el mundo del balompié en la ciudad de Oviedo estaba en guerra. Con un clima tan convulso como el que se vivía, era toda una quimera plantearse si quiera la conmemoración del suceso que había supuesto el germen de la actividad futbolística en la capital asturiana, tras lo que unos cuantos años después y no pocas vicisitudes nacería el Real Oviedo, su representante por excelencia.
El emblema del fútbol ovetense vivía los momentos más dramáticos de su, de aquella, casi octogenaria historia. Padecía una pésima situación deportiva jamás imaginada (impensable hasta en las peores pesadillas de sus aficionados más pesimistas) y un peligro real de desaparición que, por si no tuviese suficiente con los problemas heredados tras una gestión calamitosa, contaba con un poderoso enemigo desde una alcaldía que ponía todos los medios a su alcance para que lo que era un riesgo real de óbito para el club, se consumase lo más rápidamente posible, buscando cercenar de cuajo cualquier posibilidad que pudiese existir para evitarlo.
Cuando en los albores del pasado siglo unos jóvenes de las clases acomodadas ovetenses, de regreso a su ciudad natal tras cursar estudios en las islas Británicas, donde conocieron de primera mano ese invento allí nacido que llamaban football, decidieron ponerse a practicarlo en su tierra, donde no se tenían más referencias de su existencia que las procedentes del ámbito universitario a través de alguno de los profesores que estaban al corriente de las vanguardias de lo que se denominaba la cultura física, en ciertos aspectos protagonizarían situaciones equiparables a las que iban a tener lugar un siglo más tarde cuando el histórico Real Oviedo iba a tener que superar todo tipo de trabas para seguir adelante.
Uno de los paralelismos iba a afectar incluso al lugar donde poder practicarlo. Aquellos pioneros del fútbol en Oviedo, con Pedro Rubín al frente –que para algo había destacado practicando dicha disciplina en Hampstead–, iniciarían la práctica del deporte que habían conocido en la vieja Inglaterra durante su estancia académica dirigiéndose a la explanada situada en la zona de Llamaquique que servía para casi todo, conocida, por el uso que le daba el ejército, como el campo de maniobras, donde delimitarían y acondicionarían un espacio donde poder practicar el novedoso deporte colocando lo que se presume podrían ser algunos elementos básicos como unas rudimentarias porterías. A primeros del mes de agosto de 2003, en pleno siglo XXI, el Real Oviedo por no contar no contaba prácticamente ni con lugar donde entrenar y un grupo de aficionados se pusieron a trabajar de una manera similar para que el conjunto oviedista pudiese tener donde ejercitarse. El nuevo estadio Carlos Tartiere presentaba un estado de abandono parecido al que tenían las instalaciones auxiliares del club, lo que obligaría a peregrinar por distintos lugares que ofreciesen cobijo. Pero para entrenar antes había que contar con una plantilla que lo hiciese. Y es que la falta de un lugar donde realizar los entrenamientos era uno de los menores problemas existentes, problemas que afectaban a casi la totalidad de lo imaginable. Hasta en asuntos como la indumentaria puede que aquellos precursores tuviesen menos inconvenientes. Entonces toda la dificultad radicaría en la necesidad de confeccionar unas prendas innovadoras. Transcurrida una centuria, incluso el suministro de la equipación deportiva iba a ser una fuente de quebraderos de cabeza.
Si en los primeros años del siglo XX, los componentes de aquel Oviedo Foot- Ball habrían de buscar jóvenes dispuestos a recibir una mínima formación para poder participar con ellos en tan sorprendente actividad, explicándoles las reglas del sport y los que serían para ellos conceptos desconocidos (tendrían que acostumbrarse a los anglicismos utilizados entonces como match, team, goal, referee, forward y similares) en reuniones más o menos concurridas, en 2003 iba a suceder algo parecido. Pero esta vez no se trataba de dar a conocer las reglas del juego ni de persuadir a los indecisos para que lo practicasen: había que explicar que habría juego y convencer de ello, pese a que la convicción de los propios encargados de hacerlo flaquease en algunos momentos. Así, por ejemplo y en medio de continuas concentraciones de diverso tipo, Manuel Lafuente –desde aquellos días, nuestro “presi” para siempre–, exponía una tarde la situación a unos cientos de seguidores angustiados, como él, agrupados a modo de gueto en una esquina del Tartiere. Aquella tarde muchos nos marchamos, si no con la convicción plena de que, si bien en 3ª división, el Real Oviedo seguiría compitiendo, al menos con la de que éramos muchos los dispuestos a luchar para conseguirlo. O Javi Amieva se esforzaba en la tarea de convencer a numerosos padres para que sus hijos permaneciesen en las categorías inferiores de una entidad que otros daban por muerta. O Antonio Rivas y Pedro Luis González, que luchaban buscando hacer entender a un puñado de futbolistas que eran de fiar las propuestas de contratación que les hacían, cuya solvencia era mínima o nula según por quien se dejasen guiar. Y es que el objetivo contaba con un inconveniente añadido: la campaña orquestada para hacer creer a la opinión pública que la vida de la entidad se había acabado.
La prensa de principios del siglo XX no dedicaba gran cobertura a lo que era una extraña actividad deportiva; la información escaseaba por falta de interés derivada del lógico poco arraigo que tenía el fútbol. A principios del XXI, en plena era tecnológica, también había escasez informativa y afectaba al Real Oviedo si se realizaba el seguimiento a través de ciertos medios que, cuando no las falseaban, silenciaban las referencias actuando así de manera consciente para contribuir a dar una imagen de falta de actividad en el club cuya desaparición se buscaba. Los medios directamente dependientes del poder político local y los afines y sumamente dóciles, que no dudaron en ponerse a su servicio, cumplían con la misión encomendada disminuyendo o suprimiendo la cobertura prestada al que, a su pesar, seguía siendo –como siempre había sido– el primer equipo de la ciudad, el equipo sin el cual no tiene sentido hablar de fútbol en Oviedo, el equipo que pretendían sustituir por un sucedáneo usurpándole su historia y sus símbolos.
La dura rivalidad entre equipos ovetenses de los años veinte del siglo pasado, cuajada tras un lento proceso, en el actual aparecería desde el primer momento y con mayor crudeza. Aunque no sea comparable, pues lo existente tras los acontecimientos de 2003 ha sido algo distinto a lo que es la rivalidad deportiva al sobrepasar, con creces, el ámbito del deporte. A fin de cuentas, ahora sí que había un enemigo y no un rival.
Y si la actuación de las fuerzas del orden pudo tener alguna relevancia en losaños en los que el fútbol daba sus primeros pasos, por increíble que parezca, sushomólogos de 2003 la tendrían en mayor medida. Quizás de aquella, como mucho, pudieron tener algún protagonismo interviniendo ante unos locos que en “paños menores” corrían dándole patadas a un esférico de cuero en lo que para alguien podría haber sido considerada una conducta escandalosa alteradora del orden público. En el siglo XXI los agentes de la Policía Local jugarían un papel más relevante. Por ejemplo, se empleaban a fondo pretendiendo disuadir a quienes acudíamos al Carlos Tartiere a presenciar los encuentros del proscrito Real Oviedo poniendo todo tipo de impedimentos a los vehículos que hasta allí se dirigían, con un celo inversamente proporcional a la tolerancia con que se trataba a quienes tenían como destino las instalaciones de San Lázaro cuando allí jugaba el “engendro”, como era conocido por todos el equipo impulsado desde la alcaldía para sustituir al Real Oviedo. Y es que, si lo referido sobre su actuación en la primera década del pasado siglo puede que no pase de ser producto de la imaginación, lo que es real es que en 2003, las fuerzas del orden sí que intervinieron hostigando a quienes osamos rebelarnos ante la orden caciquil dada por el primer edil sobre el equipo de fútbol del que teníamos que hacernos seguidores. Por increíble que le pueda parecer a quien no lo vivió, hablar de persecución a los disidentes deja de ser fruto de la exageración desde el instante en el que se constatan hechos tan asombrosos como la retirada de un desfile en plenas fiestas locales de una persona por cometer el “delito” de vestir una camiseta del Real Oviedo.
Por las similitudes, visto con un mínima perspectiva y aunque sin pretenderlo, todo lo sucedido quizás pudo servir, en cierta manera, como homenaje a quienes habían iniciado la andadura sin imaginarse que la evolución lo convertiría en una actividad de masas, pues esa consideración del fútbol a su más alto nivel era algo que en ningún momento estaba en las mentes de quienes actuábamos por motivos puramente sentimentales. Desde luego, la ilusión de los primeros aficionados que pronto se engancharon a la nueva actividad disfrutando con su observación, por muy alta que pueda haber sido, en ningún caso alcanzaría la tenida por quienes acudimos a ver jugar a once semidesconocidos que portaban unas viejas camisetas azules el 31 de agosto de 2003 y durante el resto de la temporada que aquel día arrancaba. Con lo sucedido se había conmemorado el nacimiento del fútbol de una forma mucho más fiel a la utilizada en los lugares donde sí se recordaba el hecho de manera consciente. A fin de cuentas el objetivo del movimiento social que surgió para evitar la desaparición del Real Oviedo entendía el fútbol en su aspecto sentimental, próximo a la forma bohemia de sus orígenes y no tenía más finalidad que la de salvar un sentimiento, a diferencia de la alternativa que se nos quería imponer.
Si partiendo de la nada, en 1903 hubo unos protagonistas responsables del nacimiento del fútbol en Oviedo, en 2003 se había repetido la historia pues, lo que en rigor era un renacimiento, había surgido de unas condiciones tan traumáticas que bien merece la equiparación. El origen del fútbol en Oviedo tenía una nueva fecha para recordar: el 31 de agosto de 2003, el día en el que el Real Oviedo (y con él la única forma de entender el fútbol ovetense) había vuelto a la vida.
Si es cierto que lo que no mata hace más fuerte, vivir la temporada 2003/04, además de suponer una experiencia inolvidable por la innumerable relación de hechos emotivos dignos de ser recordados y por las batallas ganadas que concluyeron con el triunfo final en la guerra que se nos había declarado, ha servido para que los oviedistas nos sintiésemos mucho más fuertes de lo que nunca pudimos imaginar, hasta el punto de llegar a dar por bueno que pasase lo que, pensado racionalmente, nunca hubiésemos querido.
Después sucederían otras muchas cosas y quien más y quien menos, en algún momento, pondríamos en la balanza todo lo sufrido para valorar hasta qué punto había merecido la pena. Pero eso ya es otra historia.
Aunque lo menos importante era que el centenario del fútbol ovetense hubiese pasado desapercibido o no, cien años después los oviedistas podíamos decir, como aquellos pioneros, con el orgullo que nos daba haber sido protagonistas, que había nacido el fútbol en Oviedo.
Una voladura a traición, un cerco infernal.
Tragedia y grandeza.
Un fulgor de vida
contra la condena que todo lo extinguiría
Un batir de alas, vuelo de regreso y
resurgimiento.
Un despegue del barro.
Un retorno de fuego.
Agosto de 2003. Era verano, pero parecía el peor de los inviernos; diríase que la edad de hielo para el oviedismo, anunciada con el fragor de mil tormentas por agoreros impudentes. Ataque tras ataque, iban minándonos la moral con funestos vaticinios de glaciación y extinción. Ése era nuestro principal temor, el perder para siempre lo que tanto queríamos: nuestro Real Oviedo. Sufríamos una batería de cacicadas, rumores, mentiras, dudas, falsas promesas y algunas deserciones. Se boicoteaba cualquier ayuda al Real Oviedo con una intensiva campaña de guerra orquestada por el propio gobierno municipal que nos sometía a un bombardeo sin precedentes. Llovía un fuego cruzado de intereses que a los aficionados se nos escapaban y que nos mantenían atrapados en medio, aferrados a nuestro sentimiento oviedista. Golpeaban sin tregua ni piedad, torpedeando cuanto pudiera quedar a flote de un equipo de élite tras la bancarrota y el caos en que lo sumieran la anterior directiva y la fatalidad. Los centenares de fieles que nos íbamos concitando en el nuevo Carlos Tartiere aquella tarde aún vacacional no dábamos crédito a todo lo que sucedía a nuestro alrededor. Parecía una pesadilla, pero era real. Éramos como proscritos, de la autoridad y el destino fatal; declarados en rebelión ante las amenazas de clausura y desalojo de nuestro nuevo estadio, de suplantación y extinción entre decretos de muerte lanzados desde el poder contra nuestro queridísimo equipo. Muerte decretada para nuestro sentimiento azul, orgullo y estigma. Pues bien, si nuestro destino era aguantar y morir, no se cedería ni por un momento; ni un atisbo de duda en la defensa final de nuestro Real Oviedo, con su escudo por toda arma y bandera. Ese mismo verano, en reuniones de emergencia sobre las gradas del Tartiere, el presidente de circunstancias nos había dicho que tendríamos que ir todos y llevar más gente cada uno de nosotros, hacer todos los nuevos socios posibles, porque cuantos más fuésemos más difícil sería desalojarnos y liquidarnos. Fueron asambleas espontáneas prolongadas hasta anocheceres sin luz eléctrica. Sin suministros, sin tregua; pero con determinación. Tocaron a rebato y allí estábamos, donde siempre habíamos estado: junto a nuestro equipo. Lo teníamos bien claro. Nunca antes había estado tan claro dónde estaba la verdad y dónde el espejismo, la mixtificación, la ilusión nada ilusionante, sólo óptica, y a sueldo como los simples matones. Si había que desaparecer tras la interminable caída sufrida, que fuese de pie, luchando hasta el último aliento con nuestros colores bien definidos y honrados. Tan fácil como innegociable. Puro amor con orgullo, valor y garra. No lo parecieron entender ni encajar los medios del bloqueo mediático casi en bloque, que salvo contadas excepciones seguían con su cruzada de humo y remate ventajista. No contentos con el descenso federativo -inmediato al deportivo- y los embargos padecidos y por padecer, jerifaltes implacables nos habían sancionado con -6 puntos de inicio por el impago del pase de algún mercenario extranjero. Muchos contratiempos parecían para un equipo en cuadro y agonizante tras la desbandada de la mayoría de sus jugadores aprovechando la impunidad del derrumbe, la caída y la ruina. El desmantelamiento de las categorías inferiores nos había dejado sin repuestos y por aquel inmenso agujero se nos iba también parte de la masa social, los embaucados por el similor para ello engendrado o simplemente los menos llamados al heroísmo y el sufrimiento constantes. Estábamos abandonados a nuestra suerte infortunada y así nos sentíamos. Hasta teníamos que ver como algunos de los símbolos oviedistas renegaban de su pasado o lo traicionaban de facto a cambio de las monedas de Judas en sucesivos actos de propaganda. La sangría no parecía tener fin. El acoso y derribo, tampoco. Se mirase como se mirase, la situación era absolutamente crítica; pero entregarse, jamás. La única entrega posible, la del corazón, sería a la causa azul oviedista de siempre. Antes muertos que perder la vida. Era, también, una cuestión de honor.
Quizá penáramos en trance de muerte por aquel purgatorio exclusivo, pero pese a todo ahí estábamos unos pocos miles de locos insumisos, resueltos a resistir entre escombros cayera quien cayera. Habíamos ido llegando cariacontecidos al Tartiere, en un goteo casi fúnebre; pero llegábamos. Ni la dispersión estival ni el ruido de sables lo habían podido impedir. Incluso había largas colas de aficionados renovando el abono, en muchos casos aprontando el dinero de todo el año por adelantado y en mano para sortear embargos, aunque todo se fuese al infierno definitivo y hubiéramos podido pagar por algo en breve inexistente. O que tal vez –no podíamos saberlo entonces- lo fuera ya aquel mismo día, y tal y como graznaban a los cuatro vientos los profetas de alquiler no llegáramos siquiera a empezar la temporada, a jugar aquel partido marcado por la Historia. No las teníamos todas con nosotros, la propaganda enemiga había calado hondo y penetrado nuestras defensas. Pero no nuestra voluntad de supervivencia. Por eso estábamos allí. Por eso pudimos presenciarlo.
Y como por magia, sucedió. No parecía megafonía, fue casi sobrenatural. Un envolvente fondo de gaitas nos atrajo hacia sí para estremecernos los corazones, preludiando nuestro himno, introduciéndolo por sorpresa junto con una expectación lejos de cualquier límite. La incertidumbre murió unas notas más allá, cuando renacimos todos.
Y entonces salieron.
De la tumba, salieron.
Del quinto infierno, salieron.
Del abismo, salieron.
Once futbolistas, muy jóvenes en su mayoría, salieron con nuestros colores, entre los nuevos arreglos de acompañamiento del himno y a través de nuestras lágrimas, que también salieron, emocionadas, abundantes, azules como nunca. A despecho de los que mandaban, de los enterradores, dando fe de vida salieron. Salimos. Salió nuestro oviedismo, más reafirmado y fuerte que nunca. Teníamos pulso.
Los jugadores eran desconocidos, dorsales sin nombre, tan sólo numerados espartanamente. Pero al salir al campo nos habían llegado al alma con una emotividad fuera de toda explicación posible. Todos ellos habían arriesgado también quedándose o firmando su llegada, iban a competir en medio de la tempestad y la guerra. Eran ya héroes. La categoría era desconocida también, al igual que el inédito rival, el Mosconia de Grao. El fútbol era amateur; la situación, dramática. Pero se estaba jugando al fútbol y eso sólo puede hacerse existiendo. En la grada se aplaudía cualquier fallo que los jugadores cometieran en el terreno de juego, la comunión era total, como el compacto repliegue en torno a nuestro escudo. Se vivía una auténtica unión de bombardeo, el todos juntos y a una de las situaciones límite. Destacó el número 11, un habilidoso extremo zurdo con el pelo largo que luego nos grabaría para siempre su nombre en la memoria colectiva oviedista: Armando Barbón, y también el lateral derecho, Kily González, resaltado por el color oscuro de su piel y por el gol del triunfo, ya casi al final, y en medio de un desborde de alegría inimaginable en los angustiosos prolegómenos del partido. Un gol, mucho más que eso: estábamos vivos, definitivamente vivos. Compitieron y vencieron, vencimos todos los presentes y muchos más que no estaban. Por fin una alegría en aquellos días turbulentos como noches de rayos y truenos. Algo que habría de quedar para siempre en la memoria emocional de quienes pudimos vivirlo.
Fue, es nuestra fatalidad y nuestro privilegio. ¿Que quién soy yo? Alguien que estuvo presente, y por tanto, sólo con eso ya, un ser capaz de no olvidarlo. Como cuantos allí nos juntamos aquel día, último de agosto del año 2003.
La vida depréndete pasu ente pasu, que l’alcordanza d’una fecha y d’unos fechos asocedíos va tiempu finen por convertise namái que nun garrapiellu sentimientos. Yo nun m’alcuerdo mui bien de si aquel últimu día d’agostu de 2003 facía sol o llovía, si xinté fabes o llenteyes o si tenía l'estómadu encoyíu porque al día siguiente entamaba, por primer vegada na mio vida, a trabayar de mayestru. Pasara un branu d’estudios y nervios poles oposiciones y de plegaries y súpliques por unes negociaciones ente mercenarios y mercaderes qu’al final nun foren bones y lleváronnos al borde’l desanicie y la muerte.
Na mio mente aquel día caberu del mes por escelencia del branu ye un día que se me representa de color gris, anque con un rellumín final pente les ñubes. Un día de ñublina y d’un orbayu seliquín que me funde l’ánimu cola so murnia canción. Represéntaseme muncho esta alcordanza a un día d’entierru, a un día triste nel que te despides d’un ser queríu. Les metáfores convertíense en realidaes: El ser queríu tornaba a la tierra, a los bardiales y llamuergues d’onde naciera facía setenta y siete años. Podía dicise, en términos d’esistencia, que viviera bastante y que como too nesta vida tenía de morrer.
Yeren tiempos difíciles, tiempos de sanciones y multes deportives. Tiempos de falta sofitu por parte d’entidaes públiques o privaes. Tiempos de suplantar y robar un escudu, un nome: una ilusión. Tiempos que yo guardo mui vivos na mio mente y que por embargu nun paro d’intentar escaecer.
La llegada al campu convertióse nun cortexu de pies arrastraos y miraes gaches; de plegaries nun sentíes y d’esperances rotes, de marmullos afogaos pola resignación de los corderos que van al mataderu col rellumar del aceru como final últimu y ensin remediu.
Naide nun s’apuraba nesti día por entrar al campu. Nun había carreres, nin coles nes puertes o les taquielles. Dalgunes bufandes y banderes caminaben seliquines faza les sos puertes d’entrada, lluciendo un arguyosu emblema de resistencia, negando una realidá que paecía más que palpable.
Aporté al campu solu y tristón cola pena pol abandonu de munchos amigos que yá nun quixeron siguir, pero cola ilusión d’un nuevu carné nel bolsu y la intención de que si aquel día significaba l’entierru d’un sentimientu tendríen d’enterrame con él morriendo coles botes puestes.
Al entrar al campu nun sabía nin pa ónde dir a sentame. De lloñe vi a Nacho; estudiara conmigo'l cursu d’asturianu facía poco y agarréme a él cuál clavu qu’ambura. Nos duelos siempres ta bien tener un hombru sobro’l que llorar les penes. Presentóme a Fran, a Pepelu, a José Antonio y a Manuel y los seis en silenciu empobinamos faza la grada. Los nuesos pasos retumbaben nun cementu con aires cansaos que falaba de tiempos meyores y d’ilusiones pasaes. Sentámonos na tribuna la Ería, porque por primer vegada podíes sentate onde te petara. Naide nun faló, pero tampoco facíen falta les pallabres.
¡Qué tristura ver el campu cuasi vacíu y tan silenciosu! Non solo l’equipu y l’afición cayeren a los bardiales. Tamién el campu, con tol so pesu, descendiera a los infiernos y asemeyaba namái qu’un triste cementeriu.
A les siete entamó’l partíu y les sensaciones siguíen murnies. Ver aquelles camisetes de gloriosu color azul con nomes y númberos desconocíos, qu'adulces diríemos deprendiendo, facíen que’l gargüelu s’anudare ya impidíen que los cancios y ánimos al equipu salieren, quedando talamente afogaos. De sópitu la xente albidró qu’aquello nun yera un suañu, sinón que yera real. Los symmachiarii entamaron a cantar : "Recorremos quilómetros, sorteamos obstáculos, sólo por ti, Real Oviedo".
La xente fizo suya aquella fras y el "nun abandoné al Uviéu en tercera" posterior. Tendríemos de sortiar munches torgues, pero ehí tábemos. Foi entós, cuasi a les ocho menos vente d’aquella tarde gris cuando Killy metió la puntera pa echar el balón al fondu la rede’l Mosconia. La xente saltó y glayó: ¡GOOOOL!, les gargantes al unísonu desficieron el nudu que les atiñazaba y anque’l partíu nun dio pa muncho animóse más que nunca.
Con aquel gol xurdió un sentimientu, d’esos de los que falaba al entamu y que yo guardo na memoria. Con él xurdió tamién una rayadina de sol pente les ñubes. Al colar del Tartiere aquella tarde los pocos qu’ellí tábemos sentímonos, más que nunca, partícipes d’aquella victoria. Nun olvidaré enxamás qu’al marchar, aínda nun sé mui bien d’ónde llegó la voz o quiciabes lo suañé, pero dalguién dixo, espresando un pensamientu popular: "Esti muertu ta mui vivu".
El nuestru himnu entama: "Ye Uviéu ciudá d’abolengu" pero teo pa mi qu’Uviéu tamién ye, y va ser siempres, Vetusta. Dende va munchu (¿dende siempre?) los uvieinos, en xeneral, davezu sentímonos "ciudadanos". Nos, nun somos aldeanos; nos, somos perimportantes: la mui noble, mui lleal, benemérita, invicta y heroica ciudá, márcanos dafechu.
Nestes dómines y con nestos antecendentes tampoco nun ye raro que’l carbayón fuere l’asturianu que menos falaba la llingua de nueso. Va muncho tiempu que yera perdifícil sentir falar n’asturianu n’Uviéu. Avergoñábanos, yera d’aldeanos.
Ye percuriosu que fuera'l llamentable fechu de la baxada del Real Uviéu a tercera un detonante pa camudar esta realidá: pal resurdir de la llingua de nueso n’Uviéu.
El fechu de que los medios de comunicación de la capital refugaren al Real Uviéu y los más d’ellos apostaren pol enxendro, fizo que los uvieistes nun pudiéremos sentir los alcuentros del nuestru equipo en direuto. Tuvo que ser una radio llibre y n’asturianu -Radio Sele- la qu’entamó, malpenes sin más medios qu’un teléfonu móvil, a tresmitir los partíos.
Y asina, los Uvieistes que nun podíamos dir cola riada azul polos barrizales d’Asturies, sentábamos los domingos delantre l’ordenador o la radio pa sentir el 106.5FM... pa sentir la única emisora que radiaba en direuto los partíos del Uviedín. Pero esta emisora falaba -fala- n’asturianu.
Gracies a esto, de poco a poco, los uvieinos fuimos perdiendo'l mieu y la vergoña de falar la llingua de nueso y davezu yera habitual, non el llenu na perrera, si non sentir a carbayones falando n’asturianu.
La baxada del Real Uviéu a los abismos del infiernu de la tercera foi'l resurdir del asturianu na Capital del Principáu.
Milagros de los efeutos collaterales.
Davezu préstame escribir na tercera persona, pero nesti casu nun puedo menos que facelo y por munches razones... ¡en primera!
El branu del 2003 pillónos a toos (y a toes) col pasu cambiáu. Tamién a los que teníemos más de 40 años de carné del Uviéu. Dempués de la baxada a 2ªB paecía que nada nun podía ser peor.
Nos malditos díes de les negociaciones pal pagu a los mercenarios que nos habíen baxao, taba yo de folgueta cola mio familia nel Oriente d’Asturies. Ellí cuasi que nun se sienten les radios d’equí: malpenes RNE y Onda Norte (atópense, eso sí, toes les de Cantabria) y tampoco nun había Interné. Por eso, les noticies que tenía yeren, na más, pela prensa d’Uviéu y siempres bien tarde. Cuando supi que nun diben a aceutar el cheque (...que si solidariu, que si mancomunáu...), callóseme'l cielu enriba l’alma... ¿Qué va pasar agora?
Les noticies, día a día, nun podíen ser peores. ¡Baxáronnos a 3ª! El treceno equipu na hestoria la lliga española... ¡na cuarta categoría! La fuga de xugadores xuveniles y del Vetusta. Los 6 puntos menos... Y, pa finar, la guinda: la maniobra del alcalde cola refundación dafechu del enxendro.
Tocóme volver pa dir otra vegada a trabayar. Yera finales d’agostu y nada nun taba ñidiu: ¿Vamos poder xugar na tercera? ¡nun hai perres ni pa pagar la inscripción de les fiches! Sin embargo lo primero que fici, eso sí, y na más llegar a Uviéu, fue dir a renovar el mi carné de sociu: mientres que’l mi Uviedín tuviere vivu, ¡yo nun diba abandonalo!
El domingu 31 d’agostu del 2003, a les 7 la tarde, entamó la competición: xugábamos -sí, ¡al fin podíemos xugar!-escontra’l Mosconia. Antes de les 6, comencé yo la mio lliturxa; les mesmes coses -los futboleros somos dalgo supersticiosos- que dende va años venía faciendo pa dir al Tartiere: bufanda, botellín d’agua... y marchar camín del campu.
Llegué bien ceo. Tábemos na más que 4 gatos. El campu víase descomanáu pal añu que díbamos sufrir. Salieron los guah.es -perguapos- a calentar. Nun conocía a nengún neñu (darréu diben munchos años qu'había dexao dir a ver al Vetusta), pero de xuro que yeren los meyores del mundu: yeren... ¡xugadores del Uviéu! Nes camisetes tampoco nun poníen el so nome. Diba costame conocelos nel campu.
Y fui pal mi asientu. Naide nun taba a la mi vera: mandrecha, manzorga, delantre y detrás, naide. Bien alloñe antoxábaseme’l tiempu nel que nun yéramos a movenos d’apretaos que tábamos.
LLegó la hora. Na megafonía del campu suena música: siento sonar una gaita. El son retraña nel estadiu cuasi vacíu. Pónenseme los pelos como escarpies.
La música sigue: ¡Ye'l nuestru himnu! (nunca nun había sentío esa versión con gaites). Súrdeme un nuedu nel gargüelu.
Y los azules salten al campu y tamién delles llárimes pruyen por saltar nos mios güeyos: entama’l supliciu nos barrizales.
Llueu, esi añu, hubo munches más vivencies. El rastriello aú nun yéramos quien a atender la riada de xente que diba comprar daqué, na más por dexar un migayu dineru pa la supervivencia del club. Armando. La manifestación y el partíu escontra l'enxendro. El barru. La ñeve nel Tartiere. Les tresmisiones de Radio Sele, col bomberu "corriendo pela blinga" y "esti muertu ta mui vivu". La riada azul... y les llárimes del final escontra l’Arteixo...
Pero too eso -y munchu más- ye otra hestoria y tendré de contala n’otra ocasión. Agora voi quedame na más col soníu d’una gaita, floréu al vientu. Unes notes que marquen l’entamu del renacer del uvieismu auténtico: el que ñaz del corazón y surde renovao dende lo fonderu del alma, un alma azul, que nunca nun consiente usurpaciones y que ni escaez, ni perdona; l’uvieismu del Espíritu del 2003.
Como olvidarse de aquellos momentos tan especiales que rodearon las vivencias de quien, como yo, no abandonó al Oviedo a una suerte incierta a manos de un alcalde que pensaba que nadie iba a levantar la voz con su pretensión de hacernos desaparecer.
Mi relato comienza en unos momentos muy tristes para mi, pero que al mismo tiempo afianzaron de una manera increíble mis credenciales indiscutiblemente azules desde que era pequeñita y mi padre se encargó de hacerme comprender que ser azul era más un privilegio que otra cosa.
Era un partido distinto, se jugaba contra el Pumarín, lo que hacía que muchos oviedistas tuvieran el corazón partido porque no dejaba de ser otro de los equipos emblemáticos de la ciudad de Oviedo.
Pero la realidad era que se había convertido en un emotivo homenaje a un oviedista total que nos había abandonado tan solo unos días antes de ese partido.
Recuerdo como si fuera hoy la llamada de Vili para decirme que estábamos invitados al Palco del Tartiere, nosotros y quien quisiéramos llevar de nuestra familia, porque iba a ser la manera de que el equipo homenajease a uno de sus aficionados más fieles y mas sinceros.
Me vienen a la cabeza cantidad de imágenes de aquel día, un día triste porque por primera vez iba a estar en el Palco del equipo de mi alma y al mismo tiempo iba a hacerlo sin la persona a la que mas ilusión le hubiera hecho estar allí en aquellos mismos instantes.
Me fui para el campo rodeada de todas las personas que tenían la misma pena que yo pero que además de acompañarme buscaban también ofrecer su especial homenaje a Rubén, que sin duda lo merecía por su fidelidad y porque su silla de ruedas mostraba muy claramente a quien apoyaba sin duda y a quien rechazaba de una manera taxativa y recalcitrante.
Nunca olvidaré mi llegada al palco, y tampoco olvidaré a mis chicos de los Symmachiari, justo por delante de donde se ponen una pancarta enorme rezaba un... "RUBEN ETERNO OVIEDISTA D.E.P."
Mis lágrimas de agradecimiento hicieron que el presidente del Pumarín averiguase cual era la causa de mis lágrimas a lo que le expliqué que mi hijo había fallecido hacía pocas fechas y que mi visita al palco era una especie de homenaje a su persona.
Le pedí disculpas si celebraba los goles que pudiéramos meter, porque todos y cada uno de ellos iban dedicados a una única persona ese día, dijo que lo comprendía y que no se sentiría ofendido en absoluto.
Y es algo que no olvidaré nunca, ni siquiera sé si el presidente sigue siendo la misma persona que era, pero recuerdo perfectamente que en el primer gol que marcamos él se levantó al mismo tiempo que nosotros indicando el cielo para dedicarle un gol a un oviedista cuando ellos se jugaban muchísimo más que nosotros en aquel choque.
Hay cosas que se te quedan grabadas mas en el corazón que en la cabeza, y se que ese primero gol de entonces es una de esas cosas.
Cuando el primer tiempo llegó a su fin, Manolo (el presi) y Paul (como capitán) me ofrecieron una camiseta firmada por el equipo al completo para tenerla como recuerdo en memoria de mi hijo.
Esa camiseta está en un lugar privilegiado de mi casa, rodeada de momentos azules de esos que espero poder repetir a no tardar.
Me sentí arropada por la gente que formaba parte de mi entorno mas directo, gente que me fue demostrando con el paso de las semanas que era posible seguir yendo al fútbol sin él, que su bufanda al lado de la mía nos iba dando puntos y más puntos para conseguir el ansiado sueño de quien ya no estaba, fuimos dedicando todos y cada uno de los goles de esa segunda vuelta, esperando que al final de la temporada la tan ansiada subida de categoría se hiciera posible.
Pero al final de la temporada no pudo ser, nos quedamos a las puertas rodeados de miles de oviedistas que llorábamos lágrimas de rabia y de angustia por no poder lograr los objetivos que parecían tan cercanos.
Pero para nosotros eso importaba menos que cualquier otra cosa, sabíamos a ciencia cierta que el espíritu del 2003 no nos abandonaría nunca y que nuestra lucha sería permanente pesara a quien pesara.
Viví una intensa primera vuelta de aquella temporada, sin faltar a un solo partido, sin importar el tiempo que hacía ni la lluvia, nos habíamos hecho con bufanda, gorro, manta, chubasquero… evidentemente todo azul real Oviedo.
Nos hicimos famosos en nuestra esquina del corner, muy cerca de los Symmachiarii porque Rubén no quería irse con su silla de ruedas al espacio que habían habilitado para ellos, el se sabía todas las canciones de la peña, y cantaba como nadie aquel famoso “Gabino jodete” que cantábamos de pie con cada gol a favor, que para nosotros era como un tortazo en la cara de quien había querido anularnos con su singular manera de intentar nuestra desaparición.
Cada partido de aquella primera vuelta se convertía en una fiesta, equipo invicto, el grandísimo Rafa Ponzo con sus espectaculares paradas, el gran Jandro corriendo aquella banda como un poseído, Jon Carrera (a quien Rubén adoraba desde su andadura por el UNI) con su habilidad única para lanzar aquellas magnificas faltas cerca del área pequeña, y Dario, casi al final y que fue uno de los jugadores más espectaculares que yo he visto y al que la suerte no acompañó lo suficiente para convertirlo en un autentico crack.
Y que decir de Diego, era genial ver la cara del muchacho cada vez que Cervero hacía una de las suyas y marcaba un gol imposible, casi no podía moverse pero solo con las manos le hacia reverencias como veía que hacían los de la peña detrás de la portería del fondo Sur, nuestro fondo sur, el que sigue siendo nuestro lugar casi 4 años después.
Rubén sigue siendo socio del Oviedo, igual que lo sigo siendo yo y lo continua siendo su hermana, porque no importa el tiempo que haga que se ha ido, su espíritu azul no va a irse nunca porque las sensaciones de aquella temporada perdurarán en el recuerdo de todos los que no abandonamos al Oviedo en tercera y él aunque no esté presente entre nosotros tampoco lo ha hecho.
Hago mención especial a Armando, que también nos dejó en plena temporada, un palo difícil de superar y que puso lágrimas en nuestros ojos durante toda la temporada, los "Armando te quiere la gente del Tartiere" siguen vivos en mi memoria, más que nada porque muy poco después de llorar por él tuve que llorar por otra alma azul, la de mi hijo, y yo creo que ese hecho me ayudó porque me empeñe en creer que ahora estarían juntos y que tal vez desde el otro lado nos pudieran echar una manita, y aunque al final la suerte no nos acompañó se que tuvieron algo que ver con la temporada siguiente y con que el objetivo se cumpliera aunque fuera un poquito más tarde de lo esperado.
Podría recordar también miles de momentos especiales de ese año, uno en particular fue ver el partido contra el Oviedo Astur desde nuestro propio campo cantando los goles como nunca y disfrutando cada momento.
Recuerdo perfectamente lo que disfrutamos en el de ida, el campo lleno como en nuestros mejores tiempos, cantando todos juntos sin parar, celebrando cada pase, cada jugada, era como jugar en primera, el mismo ambiente, las mismas sensaciones, la manifestación a la que acudimos en su cola para no ir tan agobiados, y aquel letrero azul que mi hijo lucia en su silla de ruedas eléctrica (evidentemente AZUL)... "NO AL OVIEDO-ASTUR".
Y como colofón de estas vivencias aquel partido contra nuestros "hermanos" del Uni, en el que nos convertimos en campeones y que celebré entre lágrimas, mientras el presi (Manuel Lafuente, al que tengo un cariño especial) me abrazaba y me decía que tranquila, porque Rubén lo estaba disfrutando tanto como todos nosotros desde donde quiera que estuviera.
Y desde aquí, cuando se van a cumplir cuatro años de su ausencia, homenajeo tanto a mi hijo como a Armando, almas azules que nos acompañan a pesar de estar ausentes, y que estarán siempre vivos en la memoria de los oviedistas que, como yo, creen firmemente en que cualquier día retornaremos al lugar que nos corresponde como equipo y como afición fiel.
No puedo por menos que dejar como mensaje final la canción que siempre cantábamos entonces y que algún día nos situará en la división que merecemos... "Volveremos, volveremos, volveremos otra vez, volveremos a primera, volveremos otra vez"...
Porque sabemos que estuviste con nosotros en el año que empezó todo; porque queremos conocer y compartir lo que significó aquello para los oviedistas; porque no queremos que algo así acabe cayendo en el olvido; porque los que lo vivimos sabemos que fue tan especial que merece ser compartido con los demás; porque no abandonaste al Real Oviedo en su peor momento; porque tú representas a la perfección el espíritu 2.003.
La Asociación de Oviedistas Espíritu 2003 convoca un certamen literario de relatos cortos que expresen el sentimiento de los aficionados del Real Oviedo en la temporada 2003-04 con las siguientes
1.- Podrá participar en el concurso cualquier persona, sea o no miembro de la Asociación, con un máximo de tres relatos por persona.
2.- Los relatos han de ser originales e inéditos y podrán que estar escritos en castellano o en llingua asturiana.
3.- La extensión máxima de cada relato será de 10 páginas tamaño DIN A4, mecanografiadas con tipo de letra Arial de 12 puntos, doble espacio y márgenes de 2.5cm.
4.- El tema de cada relato a concurso será necesariamente las vivencias de un oviedista en el año 2.003-2.004, pudiendo centrarse en el aspecto que cada uno desee compartir (vivencias personales, capítulos especiales para el oviedismo, acontecimientos históricos, la marcha deportiva del equipo, anécdotas...).
5.- Los trabajos se presentarán en formato digital (pdf o doc), bien por correo electrónico a la dirección de la Asociación (espiritu2003@gmail.com) bien en un disquete, CD o similar (que no se devolverá) que podrá entregarse en la mesa que la Asociación pone en el Tartiere los días de partido del Real Oviedo o remitirse por correo certificado al Apartado de Correos n.º 5.108 (33080 - Oviedo).
6.- Cada relato deberá llevar un título identificativo e ir firmado con los siguientes datos del autor: nombre completo, DNI, edad, un teléfono de contacto y una dirección electrónica.
7.- El plazo de límite de presentación de trabajos será el día 29/2/2008.
8.- Se establecen los siguientes premios: un primer premio consistente en una cena para dos personas en un restaurante ovetense y un máximo de 3 accesits consistentes en una camiseta firmada de un jugador del Real Oviedo. Los premios podrán ser declarados desiertos.
9.- Los participantes en el concurso ceden expresamente los derechos de autor de sus relatos a la Asociación de Oviedistas Espíritu 2003, que podrá reproducirlos en sus publicaciones, físicas o virtuales, si así le parece oportuno, cuantas veces sea necesario.
10.- Los relatos se irán publicando, según orden de llegada, en la página web de la Asociación (www.espiritu2003.com), sin los datos de identificación de sus autores, para exponerlos a votación popular. A tal efecto se habilitará el soporte necesario para que todas aquellas personas que deseen valorar cada relato puedan hacerlo.
11.- Entre las opciones más valoradas por el público, el jurado del concurso tomará la decisión final. Dicho jurado se hará público en el Acta de concesión del premio, siendo el encargado de redactarla el secretario del mismo que será el de la Asociación de Oviedistas Espíritu 2003.
12.- La publicación de los premios concedidos se llevará a cabo el día 26/3/2008.
La participación en el concurso supone la aceptación de estas bases.
