Asociación de Oviedistas Espíritu 2003 - Relatos

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miércoles, 26 de marzo de 2008
De acuerdo con la base 12.ª del Concurso de Relatos Cortos, hoy, día 26 de marzo de 2008, octogésimo segundo aniversario de la fundación del Real Oviedo, procede hacer pública el acta del jurado de dicho concurso.

Según dicha acta, el jurado ha decido que el ganador del premio, consistente en una cena para dos personas en el Restaurante De Labra de Oviedo, es D. Raúl Castañón por el relato "Ser Capaz de No Olvidarlo".

Así mismo, ante la calidad de los relatos presentados, el jurado ha decidido otorgar los 3 accesits previstos en la base 8.ª de la convocatoria, consistentes, cada uno de ellos, en una camiseta del Real Oviedo SAD firmada por un jugador de la primera plantilla, a los siguientes relatos: "L'Entierru" presentado por D. Jorge Fernández, (que también fue el más votado en la encuesta popular), "La Torre de Hércules", presentado por D. Herminio García-Riaño y "San Valentín in Blue" presentado por D. Raúl Castañón.

Por otra parte, y de acuerdo con la base 11.ª del concurso, en el acta se hace pública la composición del jurado que ha sido la siguiente: los filólogos D. Rodolfo Díaz y D. Luis Castelerio (éste adscrito a la Oficina de Política Llingüistica de la Conseyería de Cultura del Principado de Asturias) y el periodista de Radio Asturias D. Ángel Fernández, actuando como secretario del Jurado, con voz pero sin voto, el de la Asociación, D. Pedro Cilleros.

Nuestra más cordial enhorabuena a los ganadores, con los que contactará directamente la Asociación.

El acta completa del premio puede bajarse de aquí.



viernes, 21 de marzo de 2008

RESULTADOS de la votación popular en la web de Espíritu 2.003:

15.-TIEMPO AÑADIDO: 1,39% de los votos
14.-EN SENEGAL HAY COBERTURA: 1,74%
13.-SIENTO SONAR UNA GAITA: 2,44%
12.-SAN VALENTÍN IN BLUE: 2,44%
11.-EFEUTOS COLLATERALES: 2,79%
10.-Y NACIÓ EL FUTBOL EN OVIEDO: 3,48%
9.-SUEÑO AZUL: 3,83%
8.-SER CAPAZ DE NO OLVIDARLO: 4,18%
7.-UNO MÁS: 4,88%
6.-LA TORRE DE HÉRCULES: 4,88%
5.-UNA HISTORIA DIFERENTE: 4,88%
4.-MEMORIAS DE UNA OVIEDISTA: 9,76%
3.-16 DE MAYO DE 2.007: 10,45%
2.-PORQUÉ ME HICE OVIEDISTA: 15,33%
1.-L'ENTIERRU: 27,53%

El siguiente paso será que se reúna el jurado y por fin sabremos los ganadores definitivos del concurso.

Muchas gracias a todos por participar.



miércoles, 05 de marzo de 2008


Finalizado el plazo de presentación de relatos, de acuerdo con la base 10.ª del  concurso se abre un periodo de votación sobre los relatos que más gusten a los oviedistas.

Se puede votar
aquí hasta el próximo día 15 de marzo.

Nada más que se admite un voto por persona (por ordenador) pero se pueden votar hasta 3 relatos.

Por otra parte, cualquier oviedista puede seguir escribiendo comentarios al pie de cada uno de los relatos publicados en esta Web.

El jurado hará público el fallo, tal y como viene en las bases, el próximo día 26 de marzo, 82.º aniversario de la fundación del Real Oviedo.



viernes, 29 de febrero de 2008

 

Si, en Senegal hay cobertura. Puede que la gente pase hambre, no tenga trabajo o los niños no vayan al colegio o anden descalzos, pero el teléfono móvil funciona en casi todo el país.


Os preguntareis que tiene que ver esto con la historia del Real Oviedo, pues en mi caso, mucho. En el verano del 2003 habíamos planeado unas vacaciones el mes agosto por toda la geografía de Senegal. Nos fuimos con la incertidumbre de saber si a la vuelta seguiríamos siendo socios del Oviedo o no, o lo peor que no sabíamos si nuestro Oviedín saldría a competir en la categoría que fuera o ni siquiera si seguiría existiendo.


Como siempre cargamos el saldo del teléfono móvil antes de salir de viaje para estar en contacto con la familia, llamar para decir que llegamos bien y casi lo que mas nos importaba era saber noticias de la evolución de los acontecimientos en los alrededores de Buenavista, sin saber siquiera si en Senegal había cobertura.


Pues el viaje en si, fue una maravilla pero con llamadas casi diarias que cada vez nos daban noticias mas contradictorias, que si el alcalde de Siero ofrecía las instalaciones de Lugones, que no había plantilla suficiente para salir a jugar, que “esto” se acababa, que la gente se estaba empezando a movilizar y nosotros a cuatro mil kilómetros y la mayoría de las veces sin un teléfono fijo desde donde poder llamar y con el saldo de los móviles temblando, pero con cobertura, eso si.

 


Pasaron los días y lo que nos temíamos llegó a pasar, que el saldo de los teléfonos se agotó y nos quedamos casi incomunicados, pues no todos los días encontrábamos un teléfono desde donde llamar ya que muchas de nuestras paradas eran improvisadas y según nos apetecía o el guía lo veía conveniente aparcábamos y nos bajábamos en cualquier carretera perdida, en poblados en medio de la nada sin agua corriente ni luz. Entonces como por arte de magia y sin saber cómo, empezaban a aparecer cabezas corriendo por el campo y la carretera y en cuestión de minutos estábamos rodeados por treinta o cuarenta niños que solo quería tocarnos y ver a los turistas raros y pálidos que les daban caramelos, que ellos probablemente nunca habían visto pues la mayoría los comían con papel y todo, y globos que no sabían lo que hacer con ellos. Así en varias ocasiones organizamos partidos de fútbol con pelotas hechas con tiras de plástico enrolladas o tan usadas que casi eran transparentes, con equipos de mas de veinte jugadores la mayoría descalzos. Un equipo podía ser el Real Madrid o el Barcelona que eran los que algún niño conocía de España y el otro por supuesto el Real Oviedo. Seguramente habrá algún niño del Oviedo en cualquiera de los poblados perdidos de la Casamance o del Sahel senegalés en los que estuvimos pues se lo pasaron pipa y nosotros mejor que ellos, era una gozada oírlos decir gol del Oviedo que pronto aprendieron a decir.

 

 

Y así pasamos unos días inolvidables y terminamos nuestra estancia en un país maravilloso con multitud de diferentes paisajes y cuyas gentes se merecen algo mejor, pues dan lo poco que tienen, no pierden nunca la sonrisa y te acogen en sus casas como si fueras de la familia.

 


Cuando volvimos empezamos a recopilar información de todo lo acontecido durante el mes de agosto y por fin ya vimos un poco de luz, teníamos una buena noticia, había equipo y aunque con puntos negativos, la liga en tercera se podía jugar.

 


Y así empezó nuestro periplo por los diferentes campos de la tercera asturiana, Llanes, Ribadesella, Villaviciosa...., turismo gastronómico y futbolístico, los mejores momentos en los casi doce años de socios de Real Oviedo, porque se ganaba, a los jugadores se lo perdonábamos todo porque se lo merecían, hacían mas de lo que podían y porque llevábamos mucho tiempo sufriendo un domingo si y otro también, renegando de directivos, jugadores, entrenadores y porque a pesar de que hubo gente que quiso que el Real Oviedo desapareciera, otros muchos con mas fuerza no, y lo que consiguieron fue que la afición estuviera mas unida que nunca, en definitiva que fuimos los mas felices del mundo aunque estuviéramos en tercera.

 


Y ya el colofón o la traca final fue el día del partido contra el Astur, lo recuerdo como si fuera ayer, un día de sol, hasta el tiempo se alió con la afición, yo sinceramente pensé que íbamos a ser pocos pero cuando llegamos a la Plaza de América y vimos que no paraba de llegar gente por todas la calles, a mi se me puso la carne de gallina y luego el campo lleno a reventar, creo que no sentí nunca tanta emoción, ni en los partidos en el viejo Tartiere contra el Madrid o Barcelona con lleno total. Lo de menos fue el resultado y lo de más la respuesta de la afición que se volvió a confirmar en el partido de vuelta. No se nos ponía nada por delante, hasta hubiéramos atravesado paredes, todo por nuestro equipo.

 


La pena fue que al final no se consiguió lo que se esperaba, pero creo que todos nos fuimos a casa después del ultimo partido satisfechos del trabajo realizado y pensando en que la próxima temporada ya nos tomaríamos la revancha, como así fue.

 


Pero después de dos años volvemos a estar en la misma situación, en una categoría que no nos debería corresponder, aunque por méritos de directiva y plantilla, en ella estamos y por mi parte con mucha menos ilusión que aquel primer año en tercera y con menos ganas de hacer turismo regional porque llega un momento en que se cansa, todo ser humano tiene un aguante y la paciencia no es infinita , así que esperamos expectantes y esperanzados de que esta situación sea pasajera.

 


Y si alguien viaja a Senegal y ve a niños jugando al fútbol, probablemente en algún lugar escuchará, gooooool del Oviedo. ¡Ah! Y no olviden que en Senegal hay cobertura.



jueves, 28 de febrero de 2008


El cielo estaba gris y llovía sin parar. Era el típico día de nuestra tierra, con el “orbayu”, orgullo de nuestra naturaleza verde y nuestros campos -nunca mejor dicho- creando unas condiciones peculiares para el fútbol. Pero como dicen los futboleros que se precian de ello, ¡no importa! Para jugar da lo mismo, y en nuestra Asturias es como si nos bendijesen desde el cielo (que por cierto, falta nos hacía).

 

Estábamos de vacaciones pasando unos días en Asturias, en nuestro Oviedo, buscando la carga de energía que necesitábamos para seguir con nuestros quehaceres cotidianos. ¡Cuanto se añora la tierra cuando se vive fuera de ella!

 

En fin, a lo que nos ocupa: mi hijo ese día se levantó como siempre, alegre y dicharachero, y aquel día más contento todavía, pues sabía que por la tarde nos iríamos toda la familia a ver jugar al REAL OVIEDO. Además su tío le había prometido que iba a sacarse una foto con todo el equipo y también con su ídolo… “Mamá, mamá, ¿puedo ya vestirme del Oviedo?” ¡Quien le dice que no! Su habitación está pintada de AZUL, con todos los pósters de las distintas temporadas por las paredes, su ropa preferida es el traje del R. Oviedo, sus camisetas tienen que ser AZULES, sus calcetines, sus pantalones, su mochila… y como no, sus ideales.

 

De repente me mira y me dice: “mamá, hoy he tenido un sueño, y era un sueño muy bonito; iba vestido como voy ahora y yo era mayor y corría y corría por un campo de fútbol con el balón en mis pies y cuando llegaba cerca del portero le driblaba y le metía un gol, la gente me aplaudía y yo les aplaudía a ellos. El día era precioso, hacia mucho sol y el cielo era AZUL, mamá, y jugábamos con equipos muy importantes. ¿Por qué ahora los mayores de mi equipo no juegan también con ellos?”. Mira hijo, le contesté, porque estamos en otra categoría. “¿Qué es eso?” me dijo. Y quise explicárselo de la manera que un niño pueda entenderlo y como mi padre oviedista de toda la vida me enseñó:

Una vez hubo un equipo que con ORGULLO, VALOR y GARRA se enfrentaba a todos los desafíos futbolísticos con gran entusiasmo y dedicación, a la vez que la afición les animaba sin condiciones, siendo el motor que les impulsaba. Era un tándem perfecto, una coordinación sin igual, pero por historias de “mayores”, por intereses que no vas a entender, se empezaron  a echar por tierra todos esos años en los que nuestra ciudad tenía un equipo de primera, y ya no sólo por la categoría, sino porque era un honor pasear nuestro fútbol por todos los estadios de España y que nos viniesen a visitar equipos emblemáticos, fuertes y luchadores. Y a muchos de ellos les dábamos lecciones de buen juego y sobre todo, lo más importante, de honestidad y buen hacer, pues como tú ya sabes, lo más importante no es ganar sino participar. Que sepas que nuestra afición se llevó un premio por saber entender que unas veces se pierde y otras se gana, porque lo que importa es estar ahí intentando hacer un juego bueno y limpio.

Pero hijo, en nuestra historia deportiva hay un día muy, muy triste, que es el 1 de agosto del año 2003. De estar jugando con los “grandes” nos hemos ido a jugar con equipos más modestos, y esto no es lo que importa, sino que a esto nos han llevado unos intereses de personas que no sienten EL OVIEDO, que no sienten los colores. Mamá, ¿no les gusta el color AZUL?” preguntó.

No supe qué contestarle… y después de una pausa me miró y me volvió a preguntar: “Mami, ¿por qué ahora me conoce tanta gente y yo conozco también a muchos y los jugadores se paran a jugar conmigo?”.

Esa pregunta me dejó muy pensativa; es cierto, me dije a mi misma. Ya con la mente más madura mi reflexión interior fue: No hay mal que por bien no venga. Si no es por esto, a lo mejor no me hubiese hecho de una peña y quizás a mis hijos no les hubiese inculcado tanto el sentir AZUL, pues ya sabemos que las calamidades unen. Luchamos muchas veces sabiendo que poco se  va a conseguir, pero que si se saca algo de provecho ¡cómo compensan dichos sinsabores! En fin, que no habríamos conocido a tanta gente maravillosa y seguro que no estaría escribiendo este relato, pues no habría surgido este “ESPIRITU 2003”.

 

Pero no vamos a ser derrotistas, no nos vayamos a dejar llevar por la pena. Tenemos, como alguien dijo, que salir del fango, de los barrizales; surgir como el ave fénix. Y por eso necesitamos ahora, que estamos unidos y compenetrados, no perder esta ilusión, no dejarnos llevar porque estos tiempos no son lo buenos que quisiéramos.

 

Tenemos que seguir luchando, que nuestros hijos vean que no nos rendimos, que tenemos que subir, como dice mi hijo, de categoría y jugar con “grandes”, pues así es el fútbol, no sólo para no quedar anquilosados sino para demostrar que somos un equipo de primera en todos los sentidos, que somos, como dice el pequeñajo, AZULES, que a nuestro Oviedo no le abandonamos ni le abandonaremos nunca, que tenemos  espíritu de lucha sin cuartel, pues ese año 2003, cuando nos movilizamos, si no éramos muchos éramos suficientes, pues como se dice, quedan los mejores y vamos a saber canalizar nuestro esfuerzo para que, después de estos años de oscuridad, salgamos con luz cegadora… y AZUL.

 

“Mamá, mamá, que ya es la hora de marchar; acuérdate de mi bandera, de mi bufanda y de mi gorro AZUL. Creo que hoy vamos a ganar y yo voy a animar a mi equipo, porque el sueño que he tenido va a hacerse realidad, ¿a que sí mami?”.

 

Cuando íbamos para el campo con su atuendo AZUL, el cielo empezó a despejarse, dejó de llover y se empezó a vislumbrar un cielo AZUL y además, de un color intenso. Llegamos al campo, nos fuimos a donde estaban los jugadores, mi hijo sacó fotos con ellos y, en un despiste, cogió un balón, corrió y corrió, dribló al portero y sonó un GOOOOOOOL estruendoso en todo el campo. Mi hijo era mayor, jugaba con su equipo de primera división, el REAL OVIEDO, el marcador anunció la victoria y el cielo era AZUL.   



martes, 26 de febrero de 2008

 

Minutos antes de que terminara la final de la copa de la UEFA entre el Espanyol y el Sevilla, el realizador captó la imagen de un señor mayor, seguidor del equipo catalán, que lloraba y movía la cabeza preguntándose por qué. Su equipo perdía por dos goles a uno. Poco después empataron, pero la lotería de los penaltis fue aún más cruel con ellos, y se quedaron sin título.

Desde que vi esa imagen, no pude dejar de pensar en ese hombre. Quería que el Espanyol marcara, y que la siguiente toma fuera la del anciano dando botes de alegría.

Y lo quería, creo, porque me recordó a mi padre. Porque no me gustaría verle en una situación así. En mi familia, además de una gran cantidad de defectos, tenemos el de ser seguidores del Real Oviedo. Un equipo de mierda. Un equipo que nunca da dos alegrías seguidas. Un equipo al que amamos.

Hace ya tres años, nuestro equipo se jugaba el ascenso a Segunda División B. Desde luego que no debe ser como jugarse una UEFA, pero cada uno se alegra en función del tamaño de la gesta, y la alegría por una victoria/ascenso debe ser la misma (me gustaría poder asegurarlo, pero no he catado todavía lo que se siente al conseguir un título).

Llegamos al último partido, contra el Arteixo gallego, con una desventaja de un gol a cero. El Oviedo había hecho una temporada increíble, apoyado por una afición no más creíble, y había superado infinidad de obstáculos para llegar a, eso sí que es una lotería, las malditas eliminatorias del play-off de ascenso. (Es curioso, pero uno repara  pocas veces en el significado de los términos anglosajones que nuestro idioma recoge y, siendo del Oviedo, el maldito off ha de estar siempre muy presente. Bastante más que el play).

El partido de ida fue una gran decepción. No sé cuántos fuimos hasta allí. Tal vez 3.000, tal vez más. Perdimos y no hicimos casi nada. Siempre he sido muy pesimista en lo referente al Oviedo (la historia más reciente obliga), y desde el mismo momento en el que se acabó aquel asqueroso partido, supe que no podía pasar nada bueno en el de vuelta.

Llegó el día que la ciudad esperaba. Durante la semana se pegaron carteles en los bares, en los comercios y hasta en los ascensores. Sólo se hablaba de fútbol. Yo, dentro de mis problemas de demencia azul, telefoneaba al presidente del equipo para ver si estaban haciendo gestiones para amañar el partido (sí, así de negro lo veía, y pensaba que, a los del Arteixo, les daba igual subir que bajar, de hecho dos años después estaban en preferente, arruinados y desahuciados). El sábado por la tarde, el Nuevo Carlos Tartiere olía a fútbol. Olía al viejo. Casi 25.000 personas estaban allí, empujando a un equipo acosado por las deudas, las desgracias y los descensos. Se desplegó una pancarta: “Impossible is nothing”, rezaba. Pero el Oviedo sólo sirve para romper tópicos (si un jugador llevaba diez años sin marcar, sólo tenía que esperar a enfrentarse al Oviedo. Creo que llegó un momento en el que los periódicos ponían estadísticas inventadas, del estilo “Abadía lleva 37 años sin marcar un gol a la vez que se rasca el bigote” para ver si éramos capaces de romperlas. Ese día, sin ninguna duda, el contador del reto en cuestión se ponía a cero).

Comenzó el partido. La grada rugía. El equipo no jugaba un pijo, pero se esperaban esos momentos que todo once local tiene cuando juega en casa, en los que saca tres corners seguidos y la afición se enchufa al partido. Llegó el descanso. Empate a cero en el marcador. Nada más salir, nos meten el 0-1. Silencio sepulcral. Empatamos. Vuelve la ilusión. 1-2. Esto sí que es un silencio sepulcral, y no el de antes. En ese momento, dejé mi sitio, al lado de mi hermano (mi padre ya se había ido a dar vueltas por el campo, como hace en todas las segundas partes). Deambulaba por el campo. Ni tan siquiera sabía a dónde iba. Cuando me quise dar cuenta estaba llorando. Faltaba media hora de partido, pero pude comprender que el presidente no había hecho caso de mis ilegales consejos, y que aquello no tenía solución.

Llegué a uno de los fondos y me puse junto a unos antiguos amigos. Empatamos. Marcamos el 3-2. Necesitábamos otro gol. Otro puto gol. Recé todas las oraciones que sabía. Ofrecí todo tipo de peregrinaciones y de sacrificios. Pero el ateo del árbitro pito el final.

Cuando me di cuenta, estaba solo, sentado contra una pared, detrás del video marcador, llorando como un niño. Todo lo que habíamos luchado ese año para sacar el equipo adelante se había quedado sin completar por un puto gol. Seguía llorando. Saqué el móvil para llamar a mi novia, porque necesitaba hablar con alguien. Al oírme, me dijo: “¿pero qué es lo que pasa?”. Se lo expliqué. “No creo que sea para tanto”, me contestó. Y, por si no había sido suficiente con los cuernos que me había puesto, con esa frase ya terminé de darme cuenta de que aquello no iba a ningún lado.

Me levanté. Seguía llorando. La gente me daba ánimos, pero todo me daba igual. Yo sólo quería un gol. Llegué hasta donde se ubican los ultras, y aquello era como una escena de derrota de guerra. Unos levantaban a otros. Había que mirar al frente. Bajé al césped y me senté. Empezó a vibrar mi móvil. Era Miguel, mi mejor amigo. Había estado con él la primera parte, pero los nervios, principalmente los míos, nos separaron en la segunda. “¿Dónde estás?”. “Tirado en el césped”. “Espera, que voy para allá”. Y así, diez minutos después, los dos llorábamos desconsolados como si el mundo se fuera a acabar.

Media hora después salíamos del estadio. Bajando por avenida de Galicia, nos encontramos con un chaval que tiene síndrome de Down, que se sienta a pocos metros de mí en el campo. No se pierde ni un partido. Meses atrás, yo le había regalado una bufanda. Mientras caminaba, desde nuestra acera, se oía su llanto. Se me quedó grabada aquella imagen.

Después, nos acercamos hasta el bar en el que, supuestamente, se iba a celebrar el ascenso. Todo el mundo estaba sentado en la terraza, con sus camisetas, sus bufandas y sus tristezas. No había muchas ganas de fiesta. Después de repetir mesa tras mesa la misma frase “¡Qué putada!, ¡Qué injusto!” y demás lugares comunes de la derrota, me fui para casa.

Estaba todo apagado. Al encender la luz del hall que da a mi cuarto, descubrí que había un folio pegado en mi puerta. “Yo”, decía la nota, “sigo siendo del Real Oviedo hasta la muerte. Hasta la mía, claro. Fdo: Papá”. Y empecé a llorar otra vez.

 



lunes, 25 de febrero de 2008


ENTREVISTA EMITIDA EL 15 DE OCTUBRE DE 2.045 EN EL PROGRAMA
“LOS LUNES, HABLAMOS DEL OVIEDO” DE LA TV “ASTURIES VIVA”


Buenas noches, Asturias. Son las nueve y media del lunes 15 de octubre y damos comienzo a una nueva edición de “Los lunes, hablamos del Oviedo”; les habla, como siempre, Mercedes Prieto, y después de ver las imágenes del partido de ayer, en el que nuestro Oviedo consiguió la gesta de vencer por tres goles a uno al Barcelona, líder del campeonato, paso a presentarles a nuestro invitado de hoy. Y tengo que decir que hoy vamos a tener un auténtico lujo de programa, pues nos acompaña ni más ni menos que el campeón mundial de ajedrez, Jesús González. A los 45 años se proclamó el mejor ajedrecista del mundo al vencer al ruso Vladimir Kirichenko en un campeonato que hizo historia. En todo el mundo le conocen por su agresividad en el tablero y también por su simpatía y carácter extrovertido y bromista, pero lo que pocos conocen es su otra pasión: el Oviedo. De ello vamos a hablar principalmente esta noche con él, y estoy segura de que nuestros espectadores van a pasar una noche muy agradable.

 

-- Buenas noches, Jesús, bienvenido a nuestro programa y muchas gracias por hacernos un hueco en tu completísima agenda.

 

-- Hola, Mercedes, más bien soy yo el que te tiene que dar las gracias por invitarme, ya que para mí hablar del Oviedo es siempre un auténtico placer.

 

-- Mientras hablamos estamos viendo unas imágenes de los principales momentos de tu carrera ajedrecística, por ejemplo ahora vemos aquellas famosas simultáneas que disputaste en el Paseo de los Alamos contra 20 jugadores elegidos en toda Europa.

 

-- ¡No me lo recuerdes! No eran jugadores débiles precisamente, de hecho alguno de ellos ya está descollando a nivel mundial, me costó muchísimo no perder ninguna de las partidas.

 

-- Pero mira, ahora comienzan las fotografías que tan amablemente nos has cedido y que probablemente será la primera vez que se hagan públicas, en las que se te ve en distintos momentos de la historia del Oviedo. Aquí estás al lado de un gaitero en las gradas de un campo que ahora no identifico.

 

-- Te explico: el gaitero se llama Pelayo, y estoy en el campo del Coruxo el año 2005, cuando el Oviedo subió a 2ª B después de su primera etapa en Tercera. Yo tenía 10 años y a mi lado está mi tío Miguel, del que creo que te hablaré bastante esta noche si tengo que contarte porqué me hice oviedista.

 

-- De acuerdo, pues entremos en harina sin más dilación: ¿cuándo y porqué te hiciste oviedista, Jesús?

 

-- Pues verás, todo comenzó un año antes de esa fotografía, cuando yo tenía nueve años. Yo entonces no le hacía mucho caso al Oviedo porque iba muy mal y en casa, mi padre era un auténtico fanático del Real Madrid, estaba todo lleno de cosas del Madrid (bufandas, libros, revistas, colecciones de cromos antiguos…); y cada vez que echaban en la tele un partido, sobre todo si era de la Champions, había fiesta por todo lo alto. Aquel año la plantilla del Madrid estaba llena de jugadores que a cualquier niño le dejaban con la boca abierta, y yo no era una excepción: Casillas, Roberto Carlos, Zidane, Ronaldo…

 

-- Caray, qué memoria ¿recuerdas la plantilla del Real Madrid de aquél año?

 

-- Bueno, tengo que reconocer que antes de venir aquí estuve refrescando la memoria, y entre Internet y los recuerdos que guardo (fotografías, recortes de periódicos…) no me costó nada sumergirme de nuevo en aquella época.

 

-- Sí, perdona, te interrumpí, continúa.

 

-- Pues eso, que, con aquél panorama, no era de extrañar que lo mío fuera el Real Madrid y que el Oviedo sólo era algo de lo que oía hablar pero que no me llamaba mayormente la atención.

 

Pero en el verano de 2.003 todo cambió. Recuerdo a mi tío echando chispas y poniendo verde a todo el mundo, hablaba mucho de los dirigentes pero también de los jugadores; y cuando mi padre le decía que porqué se ponía así, que era normal, que un equipín como el Oviedo ya había disfrutado de sus buenos momentos pero que le había llegado la hora de volver a la realidad, entonces se ponía todo digno y le respondía diciendo que cuidado, que aún quedaba mucho por hablarse del Oviedo. Ja, ja ¡y no te imaginas lo digno que se ponía!

 

Un día que estábamos en la terraza de una sidrería estaba todo el mundo muy alterado, y estaban muy pendientes por la radio de lo que pasaba en un hotel en el que los jugadores estaban discutiendo con los dirigentes; de pronto, el dueño pegó un puñetazo encima del mostrador y vino corriendo a nuestra mesa a decirnos que todo había acabado, que los jugadores no habían aceptado algo (entonces no me enteré muy bien de qué) y que bajábamos a Tercera. Se sentó, intercambió con mi tío algunos comentarios que no voy a repetir aquí por respeto a los espectadores, y luego se quedaron callados y muy serios. Me quedó grabada aquella escena con los dos fumando y mirando hacia la calle sin decir nada.

 

Pero después de unos días en los que no se hablaba del tema, empecé a ver a mi tío cada vez más colgado del móvil, y quedando con mucha gente todos los días; nos dijo que los amigos con los que iba habitualmente al campo habían decidido fundar una peña y no abandonar al equipo, y que estaban en contacto con otras peñas para lograr que la afición no le diera la espalda. Luego también se habló mucho del Ayuntamiento y cosas de política que entonces no entendía, aunque de lo que sí me daba cuenta era de que les daban mucha importancia; después de un tiempo ya alcancé a ver el trasfondo de toda aquella absurda situación, tan compleja y con tantos cabos sueltos, que a punto estuvo de acabar con la historia del Oviedo.

 

-- Sí, al hilo de esto, quería retomar lo que hablábamos hace un rato antes de comenzar el programa: ahora nadie recuerda con claridad lo que realmente pasó, sólo quedó la idea de que el club estaba en la bancarrota económica y que hubo una pelea política a su alrededor, pero da la sensación de que los detalles se perdieron.

 

-- Claro ¿qué quieres? es ley de vida. La gente más joven no quiere saber nada de las historietas del abuelo y mucho menos si se trata de la etapa más oscura del Oviedo; además, bastante tienen con disfrutar del presente tan guapo que tenemos, jugando la UEFA tres años seguidos y codeándonos con cualquiera con toda la dignidad del mundo. Ayer hablé con los hijos de un buen amigo mío, y ninguno sabía quién era Eugenio Prieto ni, por supuesto Celso González; tampoco sabían decir qué influencia tuvo el Alcalde de entonces, Gabino de Lorenzo, en aquella crisis. Pues bien, si metemos en una coctelera una pésima gestión económica, una barriobajera pelea política por hacerse con el control del club, decisiones deportivas muy discutibles, y unos jugadores asesorados por el enemigo y sin orgullo profesional, era inevitable que aquello acabara como acabó.

 

-- Así es, sí Señor, pero recordando una frase que se hizo famosa entre la afición azul, “aquel muertu taba muy vivu” ¿verdad?

 

-- ¡Es cierto! Vaya, Mercedes, había olvidado aquella frase, y mira que se hizo famosa, gracias a Radio Sele, la única radio que se atrevió a retransmitir los partidos aquel año nefasto.

 

Retomando mi historia (bueno, en este caso es también la historia del Oviedo), un día apareció mi tío por casa y le dijo a mi padre que me iba a hacer socio del Oviedo; mi padre se rió y me preguntó que qué me parecía a mí. Yo, dejándome llevar por la euforia azul que veía por todas partes, intuí que me lo podía pasar muy bien con la experiencia y dije que sí, que quería ir al fútbol. Así que fuimos al campo, y cuando entramos en la oficina, les dijo todo orgulloso a las mozas que había detrás del mostrador: “¡A ver, id preparando un carnet, que aquí traigo a un nuevo oviedista!”, y un señor de traje que estaba allí y que luego me enteré que había sido un jugador muy famoso (Vili, en concreto) vino y me dio la mano.

 

Después fuimos a un bar por allí cerca y me presentó a sus amigos, con los que iba todos los domingos al partido. Estaban Marco, Berto y Pelayo, el gaitero que veíamos antes y que dijo que a partir de entonces iba a tocarla siempre para animar al Oviedo todavía más; había más y todos eran muy buena gente y simpáticos.

 

La verdad es que cuando pasaron los días me lo fui pensando mejor, y empecé a preguntarme si habría sido buena idea porque, al fin y al cabo ¿qué equipos iba a ver ese año?  Aquí, por supuesto, no iban a venir ni el Madrid ni el Barça, sino los asturianos de Tercera, y seguro que el campo estaría vacío; cuando se lo comenté a mi padre se echó a reír y me dijo algo así como que lo hubiera pensado antes. Bueno, pensé, por probar no cuesta nada y si me aburro mucho pues dejo de ir y ya está.

 

-- Pero no te aburriste mucho ¿verdad?

 

-- ¡Cielos, no! Y tengo que reconocer que nada me había preparado para lo que me encontré. Para empezar, todos los domingos quedábamos con los amigos de mi tío una hora o dos antes del partido y, entre cafés y copas, entrábamos en ambiente y acudíamos al campo con la moral a tope.

 

-- ¡¿Cómo?! ¿Cafés y copas a los nueve años???

 

-- ¿Qué? ¡Oh, no, por favor! Los cafés y las copas y los puros eran cosa de ellos, claro, yo como mucho tomaba refrescos, ja, ja, ja… Aunque a los puros sí que me aficioné más tarde, y nunca me falta uno cuando voy al campo. Pues eso, que si ya llegábamos al campo contentos, mucho más nos poníamos al ver que, sin estar lleno, las gradas presentaban un aspecto impensable para un partido de Tercera División.

 

-- Sin embargo, mucha gente con la que hablo tienen un recuerdo un tanto sombrío en cuanto a número de espectadores y ambiente en las gradas aquel año.

 

-- Para nada. Evidentemente, no se puede comparar con el ambiente del partido de ayer contra el Barça, pero hay que insistir en que estábamos en Tercera, que jugábamos contra el Mosconia, el Narcea o el Ceares ¡figúrate, el Ceares! Y que salíamos de una crisis que casi acaba con el equipo y que nadie estaba muy seguro de la viabilidad de aquel proyecto. Pues bien, a pesar de todo ello cada domingo acudíamos varios miles de espectadores al Tartiere, y lo que es más, un mínimo de otros mil seguían al equipo a cualquier campo de Asturias los días que jugaba de visitante. Dudo mucho que algo así haya sucedido en ningún lugar del mundo.

 

-- Ya, yo también lo dudo. Bien, vamos a hacer un corte de varios minutos para la publicidad y después nos cuentas los recuerdos más importantes que tienes de aquella temporada. ¿De acuerdo?

 

-- De acuerdo, aunque son tantos y con tantas anécdotas que podríamos estar hablando toda la noche.

 

-- No hay ninguna prisa, hablaremos todo lo que haga falta. Señores telespectadores, no cambien de canal, en unos minutos estamos de nuevo con ustedes.

 

 

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(FUERA DE ANTENA)

 

-- Voy a pedir un poco de agua ¿quieres tú también?

 

-- Sí, por favor, esto no es como las partidas, allí estás varias horas en silencio. Por cierto, la semana pasada me contaron que tuviste aquí a Diego Cervero ¿no?

 

-- Sí, es cierto, el doctor Diego Cervero, tan buen médico como buen delantero en su momento.

 

-- Sí, sí, la verdad es que es de los pocos jugadores que recuerdo de aquél primer año. También recuerdo las galopadas por la banda de aquél de la coleta ... vaya, no recuerdo ... ¡ah, sí, Jandro! Pero pocos más, porque además en aquel tiempo las plantillas tenían poca continuidad; supongo que las urgencias del ascenso hacían que las directivas anduvieran todos los veranos buscando la varita mágica, cuando lo mejor que se puede hacer es dar continuidad al grupo e ir retocando poco a poco cada año.

 

-- Eso es lo que dicen los que saben. ¿Y ves mucho al Oviedo en directo?

 

-- Siempre que estoy aquí, voy al campo, por supuesto. Y cuando estoy fuera, Internet me permite estar al tanto cada domingo de lo que sucede; si tengo tiempo de escucharlo, sintonizo Radio Sele, y si no, por la noche entro en cualquier página web de las que publican un resumen del partido.

 

-- Se enciende la luz, volvemos a salir en antena.

 

 

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-- Otra vez con ustedes, les recordamos que estamos con Jesús González, flamante campeón mundial de ajedrez y apasionado oviedista. Jesús, antes de la pausa quedamos en que nos contarías los mejores recuerdos de tus primeros tiempos como oviedista, que coinciden con la primera temporada del Oviedo en Tercera.

 

-- Vamos a ello, aunque son tantos…  Hombre, lo que más y mejor recuerdo es el viaje a Arteixo, porque me lo pasé muy bien, pero por ir por orden, primero hay que hablar del día del partido contra el ACF.

 

-- Bueno, es que aquél partido hizo historia, salió en las televisiones nacionales, la movilización anterior…

 

-- Efectivamente, aquél día recuerdo que mi tío me llevó a comer con sus amigos, comimos en un mesón que había al lado de donde estaba el antiguo Tartiere, que estaba lleno a rebosar; al lado nuestro había una mesa enorme con mucha gente, entre ellos el Presidente del Oviedo, Manolo Lafuente, que vino a nuestra mesa a saludarnos porque Marco lo había entrevistado en Radio Sele hacía poco. Y luego fuimos a la Plaza de América, que ya estaba abarrotada de oviedistas, desde lejos se veía una enorme mancha azul. Allí nos encontramos con muchos más amigos y conocidos, y juntos comenzamos a caminar Avenida de Galicia arriba; todos gritaban mucho, y el ambiente era para poner los pelos de punta. Cuando entramos en el campo yo iba muy emocionado, tenía la sensación de estar participando en algo muy importante.

 

-- Hombre, la pena fue no ganar el partido…

 

-- Claro, claro, todos hablaban de meterles cinco o seis goles para que quedara claro quién era el auténtico y quién el “engendro”, pero la demostración de oviedismo creo que suplió la decepción del resultado.

 

-- ¿Qué más cosas nos cuentas de aquél año?

 

-- Pues por ejemplo, recuerdo cómo mi tío me fue introduciendo en el ambiente oviedista; a veces íbamos a comer al restaurante que tenía Armando, del que comentaban que fue uno de los mejores laterales derechos que había tenido el Oviedo. ¡Ah! y también recuerdo muy agradablemente la noche que nos encontramos al enorme artillero que fue Carlos; iba tranquilamente comiendo pipas por la calle, mi tío lo paró porque le dijo que le prestaría mucho presentármelo, y acabamos en una sidrería donde nos contó muchísimas anécdotas de su carrera. 

 

-- ¿Ah, sí? La verdad es que era un tipo muy extrovertido y comunicativo.

 

-- Sin duda, lo pasamos genial con él. Pero sigo, aunque para no alargarme mucho y aburrir a los espectadores, pasaré directamente a hablarte del viaje a Arteixo. Todos íbamos con camisetas del Oviedo, bufandas azules… Por el camino nos encontrábamos constantemente con más oviedistas, y entonces sacábamos las bufandas por la ventanilla y nos gritábamos para saludarnos. Recuerdo que paramos a comer en un bar de un pueblo de Asturias ya cerca de Galicia, ahora no recuerdo qué pueblo era, y que estaba lleno de fotos del Spórting porque el dueño era socio; pero era buena gente, estuvo hablando mucho con nosotros y nos hicimos amigos, al marchar nos deseó que ganáramos y ascendiéramos para que volvieran otra vez los derbys.

 

En Arteixo el ambiente era bestial, fue una auténtica invasión, las calles y los bares estaban a rebosar de asturianos y oviedistas; entramos en el campo con Pelayo tocando en su gaita el himno del Oviedo. A Marco lo teníamos en la otra punta del campo en el área de prensa, porque estaba de comentarista de Radio Sele y cada poco le mandábamos mensajes para que contara lo que se comentaba por la grada que habían habilitado para nosotros. La pena fue que el partido se perdió y además no se dio buena imagen. Luego, cuando estábamos al lado del coche ya listos para marchar, pasó por nuestro lado Paul, el líbero del Oviedo, acompañado de sus padres; el hombre iba cabizbajo, y nosotros nos acercamos para animarlo y decirle que no se preocupara, que en Oviedo nos los comíamos. El, y sobre todo sus padres, nos lo agradecieron.

 

-- Sí, pero en la vuelta…

 

-- Ya, en la vuelta no fuimos capaces de pasar la eliminatoria. El ambiente, una vez más, era increíble, el campo lleno, tifos espectaculares, todos vestidos de azul, cantando sin cesar… pero el no haber marcado fuera y los errores defensivos en aquel partido fueron una losa. Al acabar el partido nos acercamos a una fiesta que había justo al lado del campo, y nos encontramos con todo el mundo hecho polvo, tristes y sin ninguna gana de fiesta.

 

-- Hubo que esperar otro año más.

 

-- Otro añito más en el infierno, y dos temporadas después bajamos otra vez, algo que sí que no nos esperábamos. Pero todo lo malo se acaba, y apenas cinco años después estábamos otra vez en Primera, el Spórting seguía en Segunda, y comenzaba la mejor época del Oviedo de toda su historia.

 

-- Nos vamos acercando al final del programa, y bien que lo siento, estaríamos hablando de tus recuerdos y de la historia del Oviedo horas y horas. Jesús ¿qué conclusión extraes de aquella época, cuál es tu moraleja?

 

-- Muy sencillo, eso lo tengo clarísimo: que ante la injusticia de una situación sólo la unión de los perjudicados puede darle la vuelta. Fueron muchos los factores, las instituciones y los personajes que se fueron acumulando durante mucho tiempo para darle la puntilla al Oviedo, pero cuando la afición se encontró con la puñalada de la creación del ACF protagonizó una reacción plena de orgullo, de ilusión, de rabia… y todos los oviedistas se unieron y gritaron al mundo que aunque aquello no parecía tener solución, que aunque se tuvieran enemigos muy poderosos enfrente, el Oviedo sobreviviría por narices. Y sobrevivió, vaya si sobrevivió.

 

-- Por cierto, llevas todo el programa hablando de tu tío Miguel.  ¿Qué es de él?

 

-- ¡Ah, mi tío!  Pues en estos momentos nos está viendo y seguro que el granuja me llamará en cuanto salga de aquí para preguntarme si eres tan guapa y simpática como lo pareces en pantalla.

 

-- ¡Ja, ja, ja!  ¿No me digas? Pues un beso muy fuerte para usted, Miguel. Y con esto tenemos que despedirnos ya. Jesús, otra vez te agradecemos tu presencia. Te deseamos que sigas teniendo muchos éxitos en el mundo del ajedrez y te emplazamos a venir otra vez a nuestro programa dentro de poco para seguir hablando del Oviedo.

 

-- Cuenta con ello, por ejemplo al final de esta temporada que coincidirá con el fin del Torneo de Ajedrez de Linares.

 

-- Pues acordado queda. Señoras y señores telespectadores, nos vemos el próximo lunes en una nueva edición de “Los lunes, hablamos del Oviedo”.  Buenas noches.

 



domingo, 24 de febrero de 2008


Las largas escaleras parecían convertirse en interminables, como en esos sueños en los que quieres correr o escapar de algo que te persigue, pero no eres capaz de moverte paralizado vete tú a saber por que fuerza extraña .Durante todo el trayecto hasta el campo no dejaba de pensar una y otra vez en todos los avatares que habíamos pasado en los últimos tiempos; unos nos dejaron moribundos en medio del camino y otros intentaron aplicarnos la sedación, según nos decían, para que el enfermo no sufriese. Pero nada dio resultado y allí seguíamos con mucha más fuerza, moral, intensidad, orgullo y hasta ilusión que años atrás en categorías superiores.

Todo era rutina y nada parecía diferente a otros domingos ese año; llegar al campo, sentir ese cosquilleo al pasar el torno y encaminarme a la grada buscando desde lejos con la mirada el asiento sucio y que daba la impresión de llevar allí cientos de años por el aspecto que presentaba.

Una vez sentado continuaba con esa liturgia que se repetía de forma inconsciente cada quince días: miraba a la gente de mi alrededor, caras conocidas, pero gente desconocidas que cada una de ellas tendría una historia de amor a unos colores parecida a la mía. Luego levantaba la mirada para ver la grandiosidad del estadio y fijarme en los que yo llamaba los solitarios, por la costumbre de colocarse en lo más alto de la grada lo más alejados posible del resto de aficionados; como si su timidez les impidiese compartir con los demás sus anhelos, deseos y miedos.

Ya quedaba muy pocos minutos para que el himno sonase y los jugadores saliesen al campo, cuando algo me llamó la atención: Un niño de unos 8 quizás 9 años pasó ante mí seguido de alguien que entendí sería su padre. El niño iba vestido con la camiseta y el pantalón del R. Oviedo; eso sí; todo le quedaba enorme, como en aquella película, de la que no recuerdo el nombre, en que un niño se convierte en adulto de la noche a la mañana y del mismo modo y por arte de magia vuelve a ser un chavalin al final de la peli, pero con las ropas aún puestas de persona adulta, dándole un toque cómico a la situación. Eso me recordó en ese instante todo aquello.

El niño, que llevaba en su mano derecha una bandera azul y blanca; la cual debió fabricarse él mismo, ya que no dejaba de ser un palo más o menos recto con un trozo de tela enrollado en el mismo, miraba con los ojos muy abiertos y expresión de incredulidad todo lo que le rodeaba; los ojos le brillaban y una sonrisa perpetua dominaba su cara. Imaginé que esa era la primera vez que acudía al campo y eso me hizo también recordar los sentimientos que recorrieron mi cuerpo muchos años atrás en esa misma situación. Su padre le iba diciendo quien era cada jugador y el dorsal que llevaban a la espalda y él prestaba atención a todas las palabras que salían de la boca de éste como quien escucha un cuento de hadas por primera vez y piensa a pie juntillas que lo que le narran le puede pasar a él en cualquier momento.

El partido en sí no era muy entretenido, pero se hizo mucho más ameno por todo lo que ocurría en el asiento 143, que es donde estaba este aficionado tan especial. Al acabar los noventa minutos y tras treinta o cuarenta preguntas referentes al desarrollo del juego, al estadio, al marcador y vete tú a saber que más, una frase me llegó muy dentro y se me quedó grabada: cuando subían las escaleras de la grada, Miguel, que así se llamaba el niño, dijo: jolín, que guapo ye todo esto!!! Sólo por escuchar eso me sentí reconfortado y me fui para mi casa con una sensación muy especial y es que ahora parecía que todo tenía sentido.

 

Momentos y situaciones y diálogos como estos se repitieron cada 15 días durante toda esa temporada y ese uniforme tan enorme con esos pantalones que casi le llegaban a los tobillos se convirtieron en habituales. Claro está, que se aprendió de memoria los nombres de todos y cada uno de los jugadores de la plantilla e incluso los llamaba y saludaba desde su asiento como queriendo que lo escuchasen, que lo oyesen y supiesen que él también formaba parte de la familia azul; se sentía de alguna manera unido a los héroes del campo y creo que incluso se consideraba uno de ellos en sus sueños más profundos y bonitos.

 Ya han pasado varios años (como pasa el tiempo siempre me digo) desde aquellos momentos; algunas cosas han cambiado y otras por desgracia siguen igual o peor, pero ahí seguimos domingo a domingo detrás de unos colores que para nosotros son sentimiento y nos llenan de orgullo e ilusión.

 Ya casi termino esta historia que no ha necesitado mucho tiempo, la verdad; ya que con dejar que los recuerdos fluyan sin que nada los interrumpa, todo es más sencillo.

 ¿Me preguntáis por Miguel? ¡¡Ufff!! La verdad es que después aquel año en el mismo sitio nunca más volví a verlo; su padre sigue allí rodeado de adultos y según me cuentan la zona está más apagada y es que él ya no está! ! Seguramente habrá crecido y preferirá estar con amigos de su edad que con el “coñazo” de su padre (posiblemente esto piense ahora de quien le llevó por primera vez al campo, pero este pensamiento también es pasajero ¿eh? Y es que en la vida se pasa por muchas etapas y él andará ahora por esa). Muchas veces me pregunto si seguirá yendo al campo y mi respuesta contundente es ¡¡ SÍ !!

 Que ¿por qué? Pues, porque, si Miguel no siguiese acudiendo a su cita cada quince días ahora el R. Oviedo no seguiría saltando al campo a jugar, porque si Miguel no siguiese con aquel brillo en sus ojos, su equipo estaría muerto y es que estoy seguro que en alguna parte del estadio , no se exactamente donde, allí estará; no ya con su camiseta enorme ni con la bandera que él mismo se fabricó, pero sí con la misma ilusión y ganas de ver cumplido un sueño. ¿Cual? Ya me preguntais demasiado y no sabría daros una respuesta ,pero seguro que muy parecido al mío y al vuestro. ¿Y sabeis lo mejor? Que cuando estoy algo desanimado o triste, cuando parece que esta situación no tiene salida, a veces, y sin que nadie me vea aún me siento unos minutos detrás de aquel número 143 y si cierro los ojos y voy hacia atrás con mi mente puedo ver y escuchar aquello voz de niño decir: ¡¡ jolín, que guapo ye todo esto!!

 FIN



domingo, 17 de febrero de 2008

Surrealista. Esto es surrealista. No puede ser.

No puede ser que ayer nos hayan bajado a tercera … a tercera … y yo ahora preparando la maleta para irme de vacaciones con la mujer y los críos. Esto no está pasando…

— ¿Me estás escuchando?

 —— ¿Eh? Sí, dime …

— Que vengas a ayudarme a cerrar la maleta, pero si llevo un rato llamándote.

—— Perdona, no te había oído.

Un aval mancomunado… y tampoco les valía. Consejeros, empresarios… pero si hay 20 tíos que se comprometieron a pagar entre todos, y nada. Pero si aceptaron todo lo que pedían los jugadores… y ofrecieron encima darles parte de los ingresos por abonos de socios… y nada… lo rechazaron todo ¿pero qué pasó aquí? ¿De quién se quisieron vengar estos…? ¿O querían quedar libres a costa de matar al Oviedo?

—¡¡QUE VALE!! ¡¡A VER SI ATIENDES!!

—— ¿Qué?

— Que ya está cerrada, coño, que no sé qué te pasa hoy. Mira a ver si los críos ya están vestidos, que ya vamos un poco tarde. Ya tengo yo el neceser del baño. No te olvides de coger la cámara, que te la vi antes encima de la mesa.

—— Voy….

Anda que si mi padre levantase la cabeza y viese esto … Si le llegan a decir que el Oviedo iba a bajar a tercera por denuncias de sus jugadores, ni se lo cree. Y eso si salimos en tercera, que muy jodido lo veo. Joder, que esto se nos muere… Pero si hará poco más de un año ganábamos en el Nou Camp… y ahora a ver con qué ganas me voy de vacaciones. Encima eso, tener que poner buena cara y andar por ahí sacando fotos, cuando lo que quiero ahora es estar solo y encerrarme en casa. Ahora al coche, los críos que me pedirán que les ponga el cuento de la Gallina Marcelina, y Pedro y el Lobo, y ella que si quiere ver tal iglesia, o tal museo … Y yo a tragar kilómetros al volante, y a pensar lo que le acaba de pasar al Oviedo poniendo cara de póker.

— Que si me pongo estos calcetines…. Papi …eehh…Papi…

—— ¿Qué calcetines? ¿Esos? Vale… Tú, Carmen, tienes el prendedor en el baño.

Hala, a calzarse, que nos vamos. Espera, la cámara, que si me queda…

Anda que estará caliente el foro y el messenger estos días, y yo por ahí sin Internet ni Cristo que lo fundó. Esa es otra. Encima ni prensa ni radio de aquí, ni Internet… Lo que puede pasar estos días con el Oviedo, y yo por ahí perdido. Joder, si marcho a Coruña y parece que me voy al Congo… Y ahora a ver qué dice Gabino. Miedo me da. Refundar desde cero, dice, un nuevo club … éste va a armar una muy gorda, estoy seguro…Venga, ya se va a poner verde. Hala, el paisano pasando en rojo… Joder, cómo está la rotonda…

— ¿Qué te parece?

—— ¿El qué?

— Pues eso, que si paramos a comer en Betanzos. Pero si ya te lo dije antes, no sé en qué estarás pensando, que ni me escuchas.

—— Vale, venga, Betanzos… yo no tengo hambre pero algo caerá.

¿Pero cómo va a haber otro Oviedo? Esto no me cabe en la cabeza. Es peor que una pesadilla. ¿Cómo podemos ser tan carroñeros? Los hay que se venden por unas migas de pan de Gabino. Joder, que esto va a dar que hablar de día en día, de hora en hora, y yo dando vueltas por Galicia… ¿Cómo iba a pensar yo que nos iba a caer el mundo encima cuando programamos esto? En cualquier otra ciudad esto no pasa… a ver con qué me encuentro cuando vuelva a casa; acabo de marchar y ya solo quiero volver, manda huevos…… ¿pero a qué espera ese si no tiene un ceda... ... ?

—— ¡ TIRA, COÑO, QUE TIENES PREFERENCIA !

— Oye, a ver si te calmas, que estás de vacaciones, chico, no vas a trabajar.

— Papi, ¿qué le pasaba a ese coche?

—— Nada, hija, que estaba ahí parado como un pasmarote…..vale, tienes razón. Allí, por fin, un parking. Al menos hay sitio.

Y los gallegos, a lo suyo. No te digo … van tres quioscos y ninguno tenía prensa asturiana. Y ni radio ni leches. Será mejor que pase un poco. O si no, podría llamar a alguno de los colegas por teléfono a ver qué hay de nuevo, pero a ver … Luis y Marta marchaban ayer a París, así que esos, peor que yo todavía. Joder, mira que tenía que haber cogido el móvil de Sergio y se me olvidó…

— Mami, ¿dónde está papi?

— Allí, hijo, llamando por teléfono. Supongo que a algún amigo del futbol.

— Mami, ¿papi está enfadado?

— No, hija, papi está algo triste. Como le gusta el futbol y el Oviedo bajó…

— A mi lo que me gusta no me pone triste…

— Ya, hija, pero es que el futbol es diferente. Te pone triste a veces, pero te gusta igual.

— Pues yo no lo entiendo. A mi si me pone triste no lo quiero

— Ni yo, hija, eso son cosas de papi.

Apagado o fuera de cobertura ... Joder, David, para qué quieres el móvil si no lo enciendes… A ver Jose… 676…no me falles…

Jose, soy Ería. Sí... oye… ¿qué hay de nuevo con el Oviedo? … no, estoy en Betanzos………. Ya… o sea que el Ayuntamiento… sí… o sea que rompen relaciones… ya… ¿arrancar sin lastre? La madre que los parió… los tenemos en contra a todos, macho. Y lo de refundar… Sí… ¿El Caudal? O sea que la plaza se la dan al Caudal?… Dios... .¿Cuál? ¿Qué otro también la pide? ¿Arteixo? Ni lo conozco, vaya nombres. Pues voy a mirar la prensa aquí… Pero oye, salimos a competir entonces, o…? …. ya… que difícil… ¿desaparecer?… Dios… ¿Y fue un interventor el que dijo eso de desaparecer? Joder… negro, negro… ¿Que sacaron un comunicado? Ahora ya…… ya… que les daban todo lo que pedían, ya lo sabemos… ¿Losada? No lo oí, qué dijo?... ¿Que no tenían garantías de cobro? Pero cómo se puede tener este rostro… ¿Qué? No me digas que hay más… ¿Huelga de los empleados? Esto es la virgen… bueno, son siete meses sin cobrar, macho, qué quieres… ya… … Oye, Jose, que tengo que colgar, que está la mujer y los guajes esperándome para comer…. Vale, ya hablamos… gracias, Jose, un saludo. Adios…… La madre que los pario a todos… ¡¡VOY!!

Mira tú el Caudal, que va y coge nuestra plaza… espera, allí hay un periódico libre, a ver lo del Arteixo ese… no, tate, ¿para qué? Qué más me da que se la den a uno o a otro si yo pierdo la plaza? Total, del Oviedo no van a decir nada, así que paso… Arteixo... ¿dónde quedará eso…? Dios, qué bajo caímos.

Yo, ensalada mixta y cachopo. La botella de agua, grande, por favor Gracias. ¿Apuntó ya las cañas? Vale.

Así que lo dijo un interventor… Pues ese sabe bien de lo que habla, por desgracia. No, si no salimos a competir, para mí se acabó el futbol. Qué refundar ni qué hostias. Ya me buscaré algo. Como si empiezo a ir a ver al Ciudad Naranco. Pero si desaparece el Oviedo, yo desaparezco del futbol. Paso de todo. Miedo me da Gabino, este termina de matar al Oviedo, y encima lo aplauden. Dios, qué ciudad…

— ¿Me estás escuchando?

—— ¿Qué?

— Joder, qué día llevas… Que mañana subimos a la Torre de Hércules, que quiero que los críos vean aquello desde arriba.

—— Vale, anda. Son más de 200 escalones, ¿eh?

— Papi, papi, yo quiero ir al acuario.

— ¡¡Y yo, papi !! y me compras algo. Un pez. No, una estrella.

—— Vale, primero a la Torre y luego al acuario. Venga, ahora a descansar, que mañana es otro día. Tengo que cargar el móvil.

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— A ver, nenos, vamos despertando, que hay que desayunar.

—— ¿Qué dia es hoy, mamá?

— Domingo, hija.

—— ¡¡ Entonces a dormir !!

— Que no, que nos vamos. ¿No queréis ir al acuario?

—— ¡¡SÍII !! Venga, a desayunar. ¿Papá? ¿Dónde estás?¿Papá?... Papi !!

Coño, que se acabó el papel higiénico…. Ah, no, aquí hay otro rollo. Bueno, ¿Qué pasará hoy con el Oviedo? Joder, qué carajo pintaré yo aquí, con la movida que debe haber ahora allí … Tengo que saber … hala, la cisterna no rula… Ahora…Tengo que saber qué dice hoy la prensa allí. A ver a quién llamo…

— ¡¡Papá, el móvil está sonando !!