ENTREVISTA EMITIDA EL 15 DE OCTUBRE DE 2.045 EN EL PROGRAMA
“LOS LUNES, HABLAMOS DEL OVIEDO” DE LA TV “ASTURIES VIVA”
Buenas noches, Asturias. Son las nueve y media del lunes 15 de octubre y damos comienzo a una nueva edición de “Los lunes, hablamos del Oviedo”; les habla, como siempre, Mercedes Prieto, y después de ver las imágenes del partido de ayer, en el que nuestro Oviedo consiguió la gesta de vencer por tres goles a uno al Barcelona, líder del campeonato, paso a presentarles a nuestro invitado de hoy. Y tengo que decir que hoy vamos a tener un auténtico lujo de programa, pues nos acompaña ni más ni menos que el campeón mundial de ajedrez, Jesús González. A los 45 años se proclamó el mejor ajedrecista del mundo al vencer al ruso Vladimir Kirichenko en un campeonato que hizo historia. En todo el mundo le conocen por su agresividad en el tablero y también por su simpatía y carácter extrovertido y bromista, pero lo que pocos conocen es su otra pasión: el Oviedo. De ello vamos a hablar principalmente esta noche con él, y estoy segura de que nuestros espectadores van a pasar una noche muy agradable.
-- Buenas noches, Jesús, bienvenido a nuestro programa y muchas gracias por hacernos un hueco en tu completísima agenda.
-- Hola, Mercedes, más bien soy yo el que te tiene que dar las gracias por invitarme, ya que para mí hablar del Oviedo es siempre un auténtico placer.
-- Mientras hablamos estamos viendo unas imágenes de los principales momentos de tu carrera ajedrecística, por ejemplo ahora vemos aquellas famosas simultáneas que disputaste en el Paseo de los Alamos contra 20 jugadores elegidos en toda Europa.
-- ¡No me lo recuerdes! No eran jugadores débiles precisamente, de hecho alguno de ellos ya está descollando a nivel mundial, me costó muchísimo no perder ninguna de las partidas.
-- Pero mira, ahora comienzan las fotografías que tan amablemente nos has cedido y que probablemente será la primera vez que se hagan públicas, en las que se te ve en distintos momentos de la historia del Oviedo. Aquí estás al lado de un gaitero en las gradas de un campo que ahora no identifico.
-- Te explico: el gaitero se llama Pelayo, y estoy en el campo del Coruxo el año 2005, cuando el Oviedo subió a 2ª B después de su primera etapa en Tercera. Yo tenía 10 años y a mi lado está mi tío Miguel, del que creo que te hablaré bastante esta noche si tengo que contarte porqué me hice oviedista.
-- De acuerdo, pues entremos en harina sin más dilación: ¿cuándo y porqué te hiciste oviedista, Jesús?
-- Pues verás, todo comenzó un año antes de esa fotografía, cuando yo tenía nueve años. Yo entonces no le hacía mucho caso al Oviedo porque iba muy mal y en casa, mi padre era un auténtico fanático del Real Madrid, estaba todo lleno de cosas del Madrid (bufandas, libros, revistas, colecciones de cromos antiguos…); y cada vez que echaban en la tele un partido, sobre todo si era de la Champions, había fiesta por todo lo alto. Aquel año la plantilla del Madrid estaba llena de jugadores que a cualquier niño le dejaban con la boca abierta, y yo no era una excepción: Casillas, Roberto Carlos, Zidane, Ronaldo…
-- Caray, qué memoria ¿recuerdas la plantilla del Real Madrid de aquél año?
-- Bueno, tengo que reconocer que antes de venir aquí estuve refrescando la memoria, y entre Internet y los recuerdos que guardo (fotografías, recortes de periódicos…) no me costó nada sumergirme de nuevo en aquella época.
-- Sí, perdona, te interrumpí, continúa.
-- Pues eso, que, con aquél panorama, no era de extrañar que lo mío fuera el Real Madrid y que el Oviedo sólo era algo de lo que oía hablar pero que no me llamaba mayormente la atención.
Pero en el verano de 2.003 todo cambió. Recuerdo a mi tío echando chispas y poniendo verde a todo el mundo, hablaba mucho de los dirigentes pero también de los jugadores; y cuando mi padre le decía que porqué se ponía así, que era normal, que un equipín como el Oviedo ya había disfrutado de sus buenos momentos pero que le había llegado la hora de volver a la realidad, entonces se ponía todo digno y le respondía diciendo que cuidado, que aún quedaba mucho por hablarse del Oviedo. Ja, ja ¡y no te imaginas lo digno que se ponía!
Un día que estábamos en la terraza de una sidrería estaba todo el mundo muy alterado, y estaban muy pendientes por la radio de lo que pasaba en un hotel en el que los jugadores estaban discutiendo con los dirigentes; de pronto, el dueño pegó un puñetazo encima del mostrador y vino corriendo a nuestra mesa a decirnos que todo había acabado, que los jugadores no habían aceptado algo (entonces no me enteré muy bien de qué) y que bajábamos a Tercera. Se sentó, intercambió con mi tío algunos comentarios que no voy a repetir aquí por respeto a los espectadores, y luego se quedaron callados y muy serios. Me quedó grabada aquella escena con los dos fumando y mirando hacia la calle sin decir nada.
Pero después de unos días en los que no se hablaba del tema, empecé a ver a mi tío cada vez más colgado del móvil, y quedando con mucha gente todos los días; nos dijo que los amigos con los que iba habitualmente al campo habían decidido fundar una peña y no abandonar al equipo, y que estaban en contacto con otras peñas para lograr que la afición no le diera la espalda. Luego también se habló mucho del Ayuntamiento y cosas de política que entonces no entendía, aunque de lo que sí me daba cuenta era de que les daban mucha importancia; después de un tiempo ya alcancé a ver el trasfondo de toda aquella absurda situación, tan compleja y con tantos cabos sueltos, que a punto estuvo de acabar con la historia del Oviedo.
-- Sí, al hilo de esto, quería retomar lo que hablábamos hace un rato antes de comenzar el programa: ahora nadie recuerda con claridad lo que realmente pasó, sólo quedó la idea de que el club estaba en la bancarrota económica y que hubo una pelea política a su alrededor, pero da la sensación de que los detalles se perdieron.
-- Claro ¿qué quieres? es ley de vida. La gente más joven no quiere saber nada de las historietas del abuelo y mucho menos si se trata de la etapa más oscura del Oviedo; además, bastante tienen con disfrutar del presente tan guapo que tenemos, jugando la UEFA tres años seguidos y codeándonos con cualquiera con toda la dignidad del mundo. Ayer hablé con los hijos de un buen amigo mío, y ninguno sabía quién era Eugenio Prieto ni, por supuesto Celso González; tampoco sabían decir qué influencia tuvo el Alcalde de entonces, Gabino de Lorenzo, en aquella crisis. Pues bien, si metemos en una coctelera una pésima gestión económica, una barriobajera pelea política por hacerse con el control del club, decisiones deportivas muy discutibles, y unos jugadores asesorados por el enemigo y sin orgullo profesional, era inevitable que aquello acabara como acabó.
-- Así es, sí Señor, pero recordando una frase que se hizo famosa entre la afición azul, “aquel muertu taba muy vivu” ¿verdad?
-- ¡Es cierto! Vaya, Mercedes, había olvidado aquella frase, y mira que se hizo famosa, gracias a Radio Sele, la única radio que se atrevió a retransmitir los partidos aquel año nefasto.
Retomando mi historia (bueno, en este caso es también la historia del Oviedo), un día apareció mi tío por casa y le dijo a mi padre que me iba a hacer socio del Oviedo; mi padre se rió y me preguntó que qué me parecía a mí. Yo, dejándome llevar por la euforia azul que veía por todas partes, intuí que me lo podía pasar muy bien con la experiencia y dije que sí, que quería ir al fútbol. Así que fuimos al campo, y cuando entramos en la oficina, les dijo todo orgulloso a las mozas que había detrás del mostrador: “¡A ver, id preparando un carnet, que aquí traigo a un nuevo oviedista!”, y un señor de traje que estaba allí y que luego me enteré que había sido un jugador muy famoso (Vili, en concreto) vino y me dio la mano.
Después fuimos a un bar por allí cerca y me presentó a sus amigos, con los que iba todos los domingos al partido. Estaban Marco, Berto y Pelayo, el gaitero que veíamos antes y que dijo que a partir de entonces iba a tocarla siempre para animar al Oviedo todavía más; había más y todos eran muy buena gente y simpáticos.
La verdad es que cuando pasaron los días me lo fui pensando mejor, y empecé a preguntarme si habría sido buena idea porque, al fin y al cabo ¿qué equipos iba a ver ese año? Aquí, por supuesto, no iban a venir ni el Madrid ni el Barça, sino los asturianos de Tercera, y seguro que el campo estaría vacío; cuando se lo comenté a mi padre se echó a reír y me dijo algo así como que lo hubiera pensado antes. Bueno, pensé, por probar no cuesta nada y si me aburro mucho pues dejo de ir y ya está.
-- Pero no te aburriste mucho ¿verdad?
-- ¡Cielos, no! Y tengo que reconocer que nada me había preparado para lo que me encontré. Para empezar, todos los domingos quedábamos con los amigos de mi tío una hora o dos antes del partido y, entre cafés y copas, entrábamos en ambiente y acudíamos al campo con la moral a tope.
-- ¡¿Cómo?! ¿Cafés y copas a los nueve años???
-- ¿Qué? ¡Oh, no, por favor! Los cafés y las copas y los puros eran cosa de ellos, claro, yo como mucho tomaba refrescos, ja, ja, ja… Aunque a los puros sí que me aficioné más tarde, y nunca me falta uno cuando voy al campo. Pues eso, que si ya llegábamos al campo contentos, mucho más nos poníamos al ver que, sin estar lleno, las gradas presentaban un aspecto impensable para un partido de Tercera División.
-- Sin embargo, mucha gente con la que hablo tienen un recuerdo un tanto sombrío en cuanto a número de espectadores y ambiente en las gradas aquel año.
-- Para nada. Evidentemente, no se puede comparar con el ambiente del partido de ayer contra el Barça, pero hay que insistir en que estábamos en Tercera, que jugábamos contra el Mosconia, el Narcea o el Ceares ¡figúrate, el Ceares! Y que salíamos de una crisis que casi acaba con el equipo y que nadie estaba muy seguro de la viabilidad de aquel proyecto. Pues bien, a pesar de todo ello cada domingo acudíamos varios miles de espectadores al Tartiere, y lo que es más, un mínimo de otros mil seguían al equipo a cualquier campo de Asturias los días que jugaba de visitante. Dudo mucho que algo así haya sucedido en ningún lugar del mundo.
-- Ya, yo también lo dudo. Bien, vamos a hacer un corte de varios minutos para la publicidad y después nos cuentas los recuerdos más importantes que tienes de aquella temporada. ¿De acuerdo?
-- De acuerdo, aunque son tantos y con tantas anécdotas que podríamos estar hablando toda la noche.
-- No hay ninguna prisa, hablaremos todo lo que haga falta. Señores telespectadores, no cambien de canal, en unos minutos estamos de nuevo con ustedes.
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(FUERA DE ANTENA)
-- Voy a pedir un poco de agua ¿quieres tú también?
-- Sí, por favor, esto no es como las partidas, allí estás varias horas en silencio. Por cierto, la semana pasada me contaron que tuviste aquí a Diego Cervero ¿no?
-- Sí, es cierto, el doctor Diego Cervero, tan buen médico como buen delantero en su momento.
-- Sí, sí, la verdad es que es de los pocos jugadores que recuerdo de aquél primer año. También recuerdo las galopadas por la banda de aquél de la coleta ... vaya, no recuerdo ... ¡ah, sí, Jandro! Pero pocos más, porque además en aquel tiempo las plantillas tenían poca continuidad; supongo que las urgencias del ascenso hacían que las directivas anduvieran todos los veranos buscando la varita mágica, cuando lo mejor que se puede hacer es dar continuidad al grupo e ir retocando poco a poco cada año.
-- Eso es lo que dicen los que saben. ¿Y ves mucho al Oviedo en directo?
-- Siempre que estoy aquí, voy al campo, por supuesto. Y cuando estoy fuera, Internet me permite estar al tanto cada domingo de lo que sucede; si tengo tiempo de escucharlo, sintonizo Radio Sele, y si no, por la noche entro en cualquier página web de las que publican un resumen del partido.
-- Se enciende la luz, volvemos a salir en antena.
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-- Otra vez con ustedes, les recordamos que estamos con Jesús González, flamante campeón mundial de ajedrez y apasionado oviedista. Jesús, antes de la pausa quedamos en que nos contarías los mejores recuerdos de tus primeros tiempos como oviedista, que coinciden con la primera temporada del Oviedo en Tercera.
-- Vamos a ello, aunque son tantos… Hombre, lo que más y mejor recuerdo es el viaje a Arteixo, porque me lo pasé muy bien, pero por ir por orden, primero hay que hablar del día del partido contra el ACF.
-- Bueno, es que aquél partido hizo historia, salió en las televisiones nacionales, la movilización anterior…
-- Efectivamente, aquél día recuerdo que mi tío me llevó a comer con sus amigos, comimos en un mesón que había al lado de donde estaba el antiguo Tartiere, que estaba lleno a rebosar; al lado nuestro había una mesa enorme con mucha gente, entre ellos el Presidente del Oviedo, Manolo Lafuente, que vino a nuestra mesa a saludarnos porque Marco lo había entrevistado en Radio Sele hacía poco. Y luego fuimos a la Plaza de América, que ya estaba abarrotada de oviedistas, desde lejos se veía una enorme mancha azul. Allí nos encontramos con muchos más amigos y conocidos, y juntos comenzamos a caminar Avenida de Galicia arriba; todos gritaban mucho, y el ambiente era para poner los pelos de punta. Cuando entramos en el campo yo iba muy emocionado, tenía la sensación de estar participando en algo muy importante.
-- Hombre, la pena fue no ganar el partido…
-- Claro, claro, todos hablaban de meterles cinco o seis goles para que quedara claro quién era el auténtico y quién el “engendro”, pero la demostración de oviedismo creo que suplió la decepción del resultado.
-- ¿Qué más cosas nos cuentas de aquél año?
-- Pues por ejemplo, recuerdo cómo mi tío me fue introduciendo en el ambiente oviedista; a veces íbamos a comer al restaurante que tenía Armando, del que comentaban que fue uno de los mejores laterales derechos que había tenido el Oviedo. ¡Ah! y también recuerdo muy agradablemente la noche que nos encontramos al enorme artillero que fue Carlos; iba tranquilamente comiendo pipas por la calle, mi tío lo paró porque le dijo que le prestaría mucho presentármelo, y acabamos en una sidrería donde nos contó muchísimas anécdotas de su carrera.
-- ¿Ah, sí? La verdad es que era un tipo muy extrovertido y comunicativo.
-- Sin duda, lo pasamos genial con él. Pero sigo, aunque para no alargarme mucho y aburrir a los espectadores, pasaré directamente a hablarte del viaje a Arteixo. Todos íbamos con camisetas del Oviedo, bufandas azules… Por el camino nos encontrábamos constantemente con más oviedistas, y entonces sacábamos las bufandas por la ventanilla y nos gritábamos para saludarnos. Recuerdo que paramos a comer en un bar de un pueblo de Asturias ya cerca de Galicia, ahora no recuerdo qué pueblo era, y que estaba lleno de fotos del Spórting porque el dueño era socio; pero era buena gente, estuvo hablando mucho con nosotros y nos hicimos amigos, al marchar nos deseó que ganáramos y ascendiéramos para que volvieran otra vez los derbys.
En Arteixo el ambiente era bestial, fue una auténtica invasión, las calles y los bares estaban a rebosar de asturianos y oviedistas; entramos en el campo con Pelayo tocando en su gaita el himno del Oviedo. A Marco lo teníamos en la otra punta del campo en el área de prensa, porque estaba de comentarista de Radio Sele y cada poco le mandábamos mensajes para que contara lo que se comentaba por la grada que habían habilitado para nosotros. La pena fue que el partido se perdió y además no se dio buena imagen. Luego, cuando estábamos al lado del coche ya listos para marchar, pasó por nuestro lado Paul, el líbero del Oviedo, acompañado de sus padres; el hombre iba cabizbajo, y nosotros nos acercamos para animarlo y decirle que no se preocupara, que en Oviedo nos los comíamos. El, y sobre todo sus padres, nos lo agradecieron.
-- Sí, pero en la vuelta…
-- Ya, en la vuelta no fuimos capaces de pasar la eliminatoria. El ambiente, una vez más, era increíble, el campo lleno, tifos espectaculares, todos vestidos de azul, cantando sin cesar… pero el no haber marcado fuera y los errores defensivos en aquel partido fueron una losa. Al acabar el partido nos acercamos a una fiesta que había justo al lado del campo, y nos encontramos con todo el mundo hecho polvo, tristes y sin ninguna gana de fiesta.
-- Hubo que esperar otro año más.
-- Otro añito más en el infierno, y dos temporadas después bajamos otra vez, algo que sí que no nos esperábamos. Pero todo lo malo se acaba, y apenas cinco años después estábamos otra vez en Primera, el Spórting seguía en Segunda, y comenzaba la mejor época del Oviedo de toda su historia.
-- Nos vamos acercando al final del programa, y bien que lo siento, estaríamos hablando de tus recuerdos y de la historia del Oviedo horas y horas. Jesús ¿qué conclusión extraes de aquella época, cuál es tu moraleja?
-- Muy sencillo, eso lo tengo clarísimo: que ante la injusticia de una situación sólo la unión de los perjudicados puede darle la vuelta. Fueron muchos los factores, las instituciones y los personajes que se fueron acumulando durante mucho tiempo para darle la puntilla al Oviedo, pero cuando la afición se encontró con la puñalada de la creación del ACF protagonizó una reacción plena de orgullo, de ilusión, de rabia… y todos los oviedistas se unieron y gritaron al mundo que aunque aquello no parecía tener solución, que aunque se tuvieran enemigos muy poderosos enfrente, el Oviedo sobreviviría por narices. Y sobrevivió, vaya si sobrevivió.
-- Por cierto, llevas todo el programa hablando de tu tío Miguel. ¿Qué es de él?
-- ¡Ah, mi tío! Pues en estos momentos nos está viendo y seguro que el granuja me llamará en cuanto salga de aquí para preguntarme si eres tan guapa y simpática como lo pareces en pantalla.
-- ¡Ja, ja, ja! ¿No me digas? Pues un beso muy fuerte para usted, Miguel. Y con esto tenemos que despedirnos ya. Jesús, otra vez te agradecemos tu presencia. Te deseamos que sigas teniendo muchos éxitos en el mundo del ajedrez y te emplazamos a venir otra vez a nuestro programa dentro de poco para seguir hablando del Oviedo.
-- Cuenta con ello, por ejemplo al final de esta temporada que coincidirá con el fin del Torneo de Ajedrez de Linares.
-- Pues acordado queda. Señoras y señores telespectadores, nos vemos el próximo lunes en una nueva edición de “Los lunes, hablamos del Oviedo”. Buenas noches.
